jueves, 21 de febrero de 2013

Lo dejaron morir


Damarys Moya Portieles

Foto: Roberto Antonio Rivalta Junco

Roberto Antonio Rivalta Junco tenía 44 años cuando murió, el 16 de febrero de 2013, después de una prolongada huelga de hambre que inició el 10 de enero. Le faltaba un riñón y estaba enfermo de tuberculosis.

El 10 de enero fue internado en la prisión La Pendiente de Santa Clara, Villa Clara, acusado de  robo con fuerza que él alegaba no haber cometido, por lo que se declaró inmediatamente en huelga de hambre, exigiendo su inmediata libertad.

En ese estado lo mantuvieron en una celda tapiada, sin atención, hasta que el día 15 de febrero, que se puso muy mal de salud, el médico lo remitió para el hospital provincial Arnaldo Milián; pero la policía se limitó a llevarlo hacia el puesto médico de la prisión de Guamajal, a la salida de Santa Clara,  alrededor de las 4 de la tarde, donde no existen las condiciones mínimas para casos de gravedad.

Al día siguiente a las 9 de la mañana le anunciaron a sus padres, Doraida Junco Agüero y Nemesio Rivalta Rodríguez que su hijo había muerto; por lo que el hermano, Alexander Rivalta Junco se trasladó al hospital, donde le estaban haciendo la necropsia, pero a la 5 de la tarde aún no le habían permitido ver el cadáver. El lugar estaba atestado de policías.

Los padres decidieron velarlo en la casa, situada en la calle Josefita No. 18 A, en el Reparo Virginia.  Allí se encontraban más de 20 vecinos y familiares y los activistas opositores Yanisbel Valido Pérez, Luis Enrique Santos Caballero, Ramona Maday García Ruiz, Omar Núñez Espinosa, Maykel Armentero Oramas, Alberto Reyes Morales, Michel Oliva López y Damarys Moya Portieles.

La familia puso letreros que decían: ¡Roberto Rivalta Junco víctima del odio y la mentira! ¿Dónde están los principios? ¡Lo mataron, asesinos! ¡Esta familia va a llorar pero el régimen lo va a pagar! ¡Asesinos!
En horas de la noche la casa estaba rodeada de fuerzas policiales y algunos activistas salieron a comer algo, ya que estaban allí desde por la mañana. Al tratar de retornar al velorio hubo 8 arrestos: Ramona Maday García Ruiz, Maikel Armenteros Oramas (que fue detenido 2 veces), Yanoisis Contreras Aguilar, Carlos Michael Morales Rodríguez, Alberto Reyes Morales, Michel Oliva López, José Lino Ascencio López  y la que relata este suceso, que no fui liberada hasta las 8 de la noche del día 17.

Siendo las 11 de la mañana del día siguiente del deceso, llevaron el cadáver al cementerio en medio de un  descomunal despliegue policial y de provocaciones hechas por “supuestos miembros del pueblo”. Se realizó el entierro pero con la detención -nuevamente- de varios de los opositores, algunos más de una vez, para no permitirles ir con la comitiva fúnebre hasta el cementerio. 

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