lunes, 2 de enero de 2012

La persecución política de los niños cubanos

Dr. Oscar Elías Biscet

Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos

 

Yo estuve entre los muchos niños cubanos que fuimos convertidos en trabajadores agrícolas obligados por las escuelas públicas castristas. Recuerdo con amargura como un niño de 11 años de edad y sus colegas de aula trabajábamos acopiando las papas y cargando pesados sacos, a veces entre dos o tres de nosotros, para poder subirlos a los camiones.

 

 Muchos padres, preocupados por esta explotación y servidumbre de sus hijos y con la amenaza  asociada de reducción o perdida de la patria potestad, enviaron a sus hijos menores al exilio a través de los que se llamó Operación Pedro Pan.

 

Tres décadas más tarde había sido privado injustamente de mi libertad por promover pacíficamente la defensa de la vida del niño no nacido y los derechos humanos del pueblo de cuba en general. Fue precisamente en medio de esta difícil y agobiante situación que fui informado de la partida de mis dos hijos al exilio. Entonces experimente en carne propia los mismos sufrimientos que vivieron los padres de mis amigos cuando sus hijos fueron forzados a huir del país a través de la Operación  Pedro Pan.

 

Ahora bien, el objetivo de este artículo no es narrar mi historia personal. Mi caso es el de otros muchos cubanos y nada tiene de especial o de meritorio. Mi objetivo es exponer en un breve análisis histórico la tragedia de los  niños que fueron perseguidos por motivos políticos. Niños que después en la historia universal como prueba fehaciente y dolorosa de los extremos de crueldad  a los que llega un régimen totalitario.

 

Para mejor ilustrar estos interesantes sucesos comenzaré  por ejemplos del mundo clásico griego que dejo profundas raíces en la cultura de la sociedad occidental.

 

Los griegos estaban organizados políticamente en ciudades-estados y, aunque sujetos a leyes, estuvieron enfrascados durante catorce siglos en guerras civiles. Alejandro Magno sometió a la Grecia rebelde y desde aquí extendió su poderío al Asia Menor, Egipto, Babilonia, Persia y  parte de la India. Dentro de aquel vasto imperio trato de unir varias  civilizaciones, en especial la griega y la oriental.

 

Alejandro no pudo consolidar su obra porque murió en a los 33 años, el 13 de julio del año 323 a.C. en Babilonia, dejando su imperio sin sucesor. Sus generales, para no verse involucrados en una guerra de sucesión, decidieron esperar al nacimiento del hijo póstumo de Alejandro Magno con la princesa Roxana de Bactria. Sin embargo, los soldados de infantería no estuvieron de acuerdo con el arreglo y lograron imponer como rey al hijo ilegitimo de Filipo II de Macedonia, Filipo III Arrideo.  Este último era un retardado mental que obligó a poner la gobernación a cargo del General Pérdicas (323-320 a.C.). Mientras tanto, Roxana dió a luz un varón que llamó Alejandro IV Aegos. Este niño reinó junto a su tío Arrideo con el consentimiento del ejército.

 

Alejandro IV y su madre sufrieron víctimas de las conjuras de algunos generales y soldados que al asesinato de Pérdicas se incrementaron, por lo que el regente sustituto Antípatro tuvo que trasladar a ambos desde Babilonia a Macedonia en el 320 A.C.

 

Un año después se desencadenó una nueva crisis con la muerte y la sucesión de Antípatro. Este dejó el imperio en manos de su amigo y general Poliperconte. Sin embargo, su hijo Casandro se disgustó  por tal decisión y  fue a la guerra para conquistar esta alta posición.

 

Roxana y su hijo Alejandro IV se cobijaron bajo la protección de Olimpia, abuela paterna del niño, en Epiro en el 317 a.C. Meses más tarde Casandro ordenó  asesinar a la madre de Alejandro Magno y encarceló a la viuda y a su hijo legítimo. En el 311 a.C., Casandro estaba en el trono de Macedonia y firmó un tratado de paz con Ptolomeo, Lísimaco y Antígono en el cual se reconocía el derecho de Alejandro IV a ocupar el trono del imperio a la mayoría de edad.

  

Pero Casandro no era hombre de palabras y, pasado un año, dio la orden de que fuera asesinado por envenenamiento tanto el hijo de Alejandro Magno como la esposa de este último. Así se puso fin a la vida de un niño inocente de tan solo 13 años y último descendiente de la dinastía argéada.

 

Ahora bien, con la derrota de Antígono en la batalla de Ipso (301 A.C.) se puso fin a la idea de mantener el Imperio griego y se dividió entre los generales Lísimaco, en Tracia y Asia Menor; Ptolomeo, en Egipto; Seleuco, en Siria y Persia; y Casandro, en Grecia y Macedonia. Estas dinastías sobre vivieron hasta el surgimiento del Imperio Romano en el siglo I.

 

Si bien el Imperio de Alejandro se desintegro por no nombrar un sucesor, no ocurrió lo mismo con el Imperio romano. El dictador Cayo Julio Cesar designó heredero a su sobrino e hijo adoptivo Octavio. Este se convirtió en el único emperador del mundo romano. Pero, antes de consolidar su poder, tuvo que librar una guerra civil desencadenada por la sucesión al trono desde los años 44-27 a.C.

     

En este período de guerra civil Octavio tuvo que eliminar a sus enemigos, entre los cuales se encontraba Marco Antonio, cónsul  romano junto a Julio César 44 a.C.,  Marco Antonio y Cleopatra VII,  viuda de César y más tarde su esposa, quisieron imponer al hijo de Julio César en el trono de Roma y lo nominaron  rey de Egipto (44-30 a.C.) con solo 13 años de edad. Con la batalla de Actium (31 a.C.), en la entrada del golfo de Ambracia en el mar Jónico, Octavio se asegura el dominio de Roma y funda el imperio.

 

Después de Actium, Marco Antonio y Cleopatra se suicidaron.  Tolomeo XV, Cesarión, (47-30 a.C.) hijo de César y Cleopatra, fue asesinado por orden de Octavio. Egipto pasó a ser  provincia del Imperio romano.

 

El Imperio romano fue fundado en 27 a.C. cuando Octavio recibió del Senado el título de Augusto, y sería  reconocido como Cayo Julio Cesar Octaviano Augusto, primer Emperador de Roma. Su período de gobierno (27-14 a.C.) fue una de las etapas más brillante de la historia romana. Este imperio permaneció por más de un milenio hasta 1453 D.C. Tuvo su existencia junto a otras naciones imperiales como China, Persia y Aksum.

 

En verdad todas estas naciones eran imperios poderosos pero no pusieron en peligro la existencia y seguridad entre ellas. Sin embargo la inseguridad de Roma estaba en sus fronteras con la  invasión de tribus bárbaras, en especial las germánicas y los hunos, y la creciente y cada vez más profunda corrupción interna que conllevo la división del imperio en Occidente, capital Roma, y Oriente, capital Constantinopla,(395 d.C.).

 

La caída del Imperio Occidental fue debido a la invasión de  tribus germana, Visigodos, Vándalos, Francos, Lombardos, Alemanes, Borgoñones, Anglos, Sajones, Suecos, Ostrogodos y Hérulos. Estos últimos dirigido por Odoacro que se apoderaron de la península Itálica, de la ciudad de Roma y su capital Ravena. Destronó al César, Rómulo Augusto, en 476 d.C.

 

Flavio Rómulo Augusto era un niño de catorce años cuando fue depuesto y encarcelado en el Castillo del Huevo, ubicado en el islote de Megara, en la bahía de Nápoles. La fortaleza fue construida en sus inicios por la familia patricia romana de Escipión. Cuenta la leyenda que el escritor Virgilio escondió un huevo mágico en la fundación del castillo que sin este sería destruida la fortaleza y  la ciudad de Nápoles. Para el 500 d.C. el castillo de la Villa Lucullana fue convertido en un convento para dar sepultura a los santos. En 1128 d.C. fue  reconstruido como residencia de los reyes de Nápoles y actualmente es un museo.

 

Aunque muchos conocen a este niño-emperador por el alias de Rómulo Augústulo, él gobernó oficialmente con el nombre de Rómulo Augusto. Que tiene las características anecdóticas que sus patronímicos fueron de su primer rey y fundador de la ciudad de Roma y su primer emperador.

 

En la novela de ficción “La Ultima Legión”, de Varelio Massimo Manfredi, el niño-emperador sobrevive en la lejana y antigua provincia de Britania del imperio romano. No obstante algunos hallazgos históricos afirman que este último emperador pudo haber sobrevivido en un lugar acogedor, referido por el investigador Roger Collins.

 

Hechos trascendentales en la fundación, esplendor, ocaso y caída del Imperio romano estuvo relacionado con la persecución y asesinato de dos niños: Tolomeo XV, despectivamente Cesarión, pequeño Cesar; y Rómulo Augusto, también  despreciativamente Augústulo, pequeño Augusto.

 

Los reinos germanos sucesores del Imperio de Roma conservaron las estructuras administrativas: gobierno, leyes, orden social, religión y cultura. Estos herederos culturales mantuvieron la paz  y orden sobre los territorios ocupados.

 

Más adelante en este trabajo explicaré sobre la hagiografía de dos matanzas de infantes; pero prefiero transponernos en siglos para comentar el asedio sobre un niño del siglo XX.

 

Corría el año 1937 cuando el niño tenía cumplido dos años, por sus características especiales se encontraba rodeado de personas vestidas de mercaderes. No fue nada asombroso que el infante hubiese descubierto la identidad de los monjes y el nombre del dignatario que encabezaba la comitiva. De la misma manera identifico los objetos que pertenecieron al señor Thubten.

 

Este niño a la edad de cuatro años, nombrado Tenzin Gyatso, fue ordenado monje budista y coronado como el XIV Dalai Lama del Tíbet. T. Gyatso ocupó el trono con solo catorce años en 1940, y ejerció su poder a título personal hasta 1950.

 

La China Comunista con espíritu expansionista invadió al Tíbet en 1950. Sin embargo un año antes el niño-rey, entonces un hombre, y su país habían sido advertidos sobre la futura usurpación. La persecución, hostigamiento, encarcelación y asesinato de tibetanos eran cotidianos por esa época en cumplimiento de un programa de limpieza étnica, religiosa y política. Más de 6,000 templos budistas fueron destruidos y decenas de miles de monjes asesinados.

 

La rebelión tibetana de 1959 fue aplastada dando muerte y obligando al exilio a miles de personas, entre ellos el Dalai Lama. Este guía espiritual conformó  el “Gobierno Tibetano en el Exilio”. Por desgracia ningún gobierno del mundo ha reconocido hasta ahora el derecho del pueblo del Tíbet a su independencia y su libertad.

 

El espíritu de lucha de este niño-guía, hoy hecho un venerable anciano, junto a su pueblo nunca se ha fatigado ni ha dejado de buscar la preciosa y bien merecida libertad. Los tibetanos son un ejemplo de dignidad para el mundo.

 

Mientras en 1959 los comunistas chinos se anexaban por la fuerza el territorio de Tíbet, en ese mismo año, otra tiranía de igual modelo ideológico, pero  a miles de kilómetros, se apoderaba del gobierno en Cuba. Pocos años después se produjo un suceso único donde más de 14 Mil niños cubanos fueron obligados al exilio sin el amor y la protección sus padres o familiares. Esta fue la Operación Peter Pan, solo excedida en brutalidad por las matanzas de niños del Siglo 15 a.C. y  4 A.C.

 

 Las matanzas de niños inocentes fueron ejecutadas por el Faraón de Egipto y por Herodes el Grande, rey de Judea, Samaria, Galilea e Idumea.

 

No hay referencia del nombre del Faraón que ordeno estos perversos crímenes pero algunos sitúan a este rey en 1550 a.C. El termino Faraón significa en egipcio per-aa, casa grande, refiérase al palacio real; pero luego se aplicó a la misma persona del rey, como título honorífico.

 

El Faraón, temeroso del aumento de la población israelí y de que estos se rebelaran contra él, dio la orden de hostigar con más trabajo esclavo a los israelitas y la ejecución de todo niño varón que naciera. El rey amonestó   a las parteras por el incumplimiento de su mandato. Estas se justificaron con un ardid creíble. Y, como represalia, el Faraón emitió el edicto de “echar al río  a todos los niños hebreos que nazcan, pero las niñas déjenlas vivir”.

 

Una mujer hebrea puso su hijo en una pequeña canasta calafateada y la echó al río para que tuviera más oportunidad de vivir. Una de las princesas de Egipto tomo al niño y lo adoptó  como su hijo. Le puso por nombre Moisés, príncipe de Egipto y, después, liberador del pueblo de Israel.

 

Por otra parte, en la hagiografía cristiana se relaciona a Herodes el Grande con la matanza de niños inocente. Este por temor a las profecías que aseguraban el nacimiento de un rey, el niño Jesús, ordenó  la muerte de todos los niños menores de dos años  nacidos en Belén y sus alrededores. Estos hechos están recogidos únicamente en el evangelio de Mateo y no en otras fuentes históricas.

 

Empero sabemos que existen gobernantes y personas capaces de cometer con impunidad estos crímenes y hasta muchos de mayor envergadura. En casos extremos hasta amparados por leyes como las del aborto. En estos casos se destruyen numerosas vidas de niños no nacidos con la mayor indiferencia y crueldad nunca antes vista.

 

Por esto, durante los próximos días de Navidad y de los Santos Inocentes, quiero exhortar a todas las personas de buen corazón a imitar a las parteras egipcias que desobedecieron de forma no violenta el mandato real para no cometer sacrilegio de poner fin a las vidas de niños inocentes.

 

Los niños Alejandro IV Aegos, Ptolomeo XV, Rómulo Augusto, Moisés, Jesús, Tenzin Gyatso y otros tantos fueron los precursores de muchos niños cubanos de nombre desconocido. Niños  perseguidos políticamente, algunos exiliados o asesinados por el simple hecho de mantener el statu quo de un régimen fracasado y obsoleto. Estos niños, de una u otra forma, han sido elementos básicos en el diseño del mundo, en particular de la sociedad occidental y de su cultura grecorromana-judeocristiana.    


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