domingo, 8 de mayo de 2011

Cuba, anclada en el jurásico tardío

por Héctor Julio Cedeño Negrín

Periodista Independiente

Prensa Independiente de Cuba

 

28 de abril de 2011

 

Foto: Héctor Julio Cedeño Negrín

 

Una monjita, hermana en la fe y de nacionalidad extranjera, apegada a la palabra de Dios y muy consagrada a Jesús, en su profundo amor y en su compasión por sus semejantes, en este largo y difícil camino, de encuentro con Dios, me decía compungida, “Cuba es, en todo, disparatadamente antigua. Autos muy viejos, circulan  por calles sucias, polvorientas y llenas de huecos, ciudades oscuras y en ruinas, envejecidas y sin pintar, con toneladas de basura, amontonada en las esquinas. Arrastrando con dificultad, su destartalada revolución, a la cubana,  irremediablemente todo, muy pasado de moda”. Lo que ella no alcanza a comprender, es que los cubanos, vivimos gobernados, por prehistóricos dinosaurios, ya extinguidos en casi todos los rincones del planeta, salvo en un recóndito lugar, llamado Corea del Norte y aquí, en Cuba.

 

Mucho tratamos de adelantar su desarrollo, más allá del sinuoso horizonte conocido por ellos, pero aun nos queda bastante por hacer, para llevarlos a una época, más actual. No es fácil civilizar a un dinosaurio. Sus costumbres milenarias, tejidas con delectación de artista, no pueden ser cambiadas fácilmente. Quien podría imaginar, un dinos, con Internet. Como ellos no pueden representarse, lo eso significa, por tener cerebro de reptil, sumamente atrasado, no existe quien los convenza, para que abran la conexión. Pienso que en Cuba se ha cumplido, esa novedosa profecía, propalada por Reinaldo Taladrid en su  programa, “Pasaje a lo desconocido”. El genial Taladrid, lo dijo, “Si los dinosaurios no se hubieran extinguido en pasadas Eras, serían probablemente, los hombres de la actualidad”, de hecho, aquí lo son. Este parece haber sido un remanente de ejemplares, que a pesar de las dificultades, pudo remontar aquella etapa de la extinción. Y saque usted mismo, sus propias conclusiones.

 

En la lectura hecha por Raúl Castro, de los miembros del Burro Político (burro, porque ahí es, donde van montado todos, como Genaro en su mula y porque montarse en un buró, es mucho más incómodo), el más joven de los dinos, es el renombrado Díaz Canel, al resto, más que dinos, debería de llamárseles saurios, porque conservan escamas milenarias, tiene más años que la momia de Tutankhamen y que la decrepitud, juntas. Al menos viejo, el hippie, Abel, el Señor Caín, lo bajó del burro y ahora corre a pie, por los salones del comité central y  Marino, logró saltar el muro, que en realidad, era solo un murillo. Aunque algunos, lo creíamos designado, para solucionar asuntos sin importancia o para resolver, problemas ya resueltos (por cierto, el martes se encontraba, en la funeraria de Calzada y K, antigua Rivero, velando no se qué muerto). Pero le salvó, su ascendencia castrense, que es la que prima, en la hora militar, que se está aplicando al presente. Independientemente del horario de verano.

 

Imagínense usted, yo recuerdo cuando Fidel Castro dijo, que Mao Tse Tung estaba completamente decrépito, cuando en Cuba consideraban, que los dirigentes chinos eran demasiado viejos y precisaban de un relevo. Hoy los dirigentes de la China actual, son párvulos, comparados con los anacrónicos dirigentes cubanos. Se trocaron los papeles, pero los viejos dirigentes chinos de ayer, se aferraron al poder, con las uñas y con los dientes, igualmente hicieron, los decrépitos dirigentes rusos, que iban cayendo, uno tras otro, como moscas en papel engomado. Hoy les toca a los añejos dirigentes cubanos, que no solo se aferran con las uñas y con los dientes al poder, como los chinos y los rusos, en su época de viejos, sino que amenazan con utilizar, los tanques, la artillería pesada, la ligera, la reactiva, la aviación, la marina y el MININT en pleno, con todas las dependencias que lo forman y más de un millón de personas, al que cuestione, su poder hegemónico, su voluntad aborrecible y su tedioso mandato, por la fuerza.

 

Ya es hora, de que los, arcaicos, decrépitos, envejecidos, carcomidos, desvencijados, destartalados, etc., etc., miembros del Parque Jurásico  Nacional (existirá algún otro adjetivo, para calificarlos e incluirlo en la lista), se jubilen y dejen el poder a personas más jóvenes y se olviden de su pretendida intención de abarcarlo todo y para siempre. Porque ustedes no son eternos, ciertamente y válgame Dios, y como dicen los jóvenes, en cualquier momento se les va el Tur. Al final serán barridos, como un montón de escombros inservibles, por esos mismos que hoy les asechan, soslayada mente. No por gusto se extinguieron los dinosaurios, cuando no lograron adaptarse al cambiante medio ambiente, que les rodeaba y que se volvió tan hostil, que revocó, su supervivencia.

 

A quien pretenden engañar con eso de la elección, como dice Gorki Águila, del Comité Geriátrico Central, del añoso Burro Político y de los ancianísimos, Primero y Segundo Secretarios, del Partido, quien puede creer ese cuento, de que la votación se produjo, como indican las reglas democráticas, universalmente reconocidas, en un partido esencialmente antidemocrático, como es el Partido Comunista de Cuba (PCC), que no reconoce, ni siquiera, la disensión. Después de conocer casos como el de los “indignos”, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque (notables interpretes, del pensamiento fideliano), cualquiera sabe, como piensa la generación de sustitutos obligados, de la vejestorio vitalicia, en la que los añejos no confían. Si a los más jóvenes, se les otorgara la posibilidad real, de votar libremente, votarían por todos los anacrónicos dinosaurios, eso a no dudarlo, pero seguramente los votarían en la mitad del océano, para que se ahogaran directamente en el mar y no regresaran jamás a la tierra, por eso en mi modesta opinión, ese congreso, no fue más que una farsa, bastante burda y mal elaborada, todo fue toscamente fabricado. Porque Raúl y Machado, nunca hubieran salido electos, en ninguna votación. Por ellos, no votaría, ni el propio Ramiro. Figúrese usted, de ejercer mil delegados, su derecho al voto y con el voto secreto y directo, probablemente novecientos cincuenta y tantos, votarían contra Raúl y su cohorte legendaria. Lo mismo ocurrirá en la llamada Convención, otra farsa en preparación, esa fábula, que se la crea otro.


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