jueves, 10 de marzo de 2011

El cubano que predicaba dos evangelios

por Oswaldo Yáñez

Bloguero y Periodista Independiente

 

A veintitrés de febrero del año de la inminente libertad para todos los cubanos

 

Ciudad de La Habana. Querido Orlando te escribo estas pocas letras con la seguridad de que alguien se las hará llegar a tu amada madre y tú que nunca la abandonarás en espíritu las escucharás, parece que fue ayer cuando te asesinaron y ya ha pasado un año, el día menos pensado espero encontrarme contigo, si Dios lo quiere, allá en el cielo.

 

Tu cruenta partida lo cambió todo, el mundo entero se estremeció al conocer lo que todos sabemos, que vivimos sojuzgados por un sistema criminal, pero el edificio que la desinformación de tus asesinos había levantado se hizo pedazos el día de tu entierro, resulta cuanto menos irónico que fuera un albañil el que lo derribara.

 

Los ecos de tu criminal óbito reverberan en la actualidad, el Orlandazo activó la Revolución de los Gladiolos, tus Damas de Blanco se engrandecieron, tu madre adquirió talla de gigante y la disidencia en pleno recobró una unidad que aún tratamos de conservar antes los ataques del aparato represor, me complace especialmente pensar que Perucho Figueredo estará a tu lado comprobando que aún en el siglo XXI su frase, que morir por la patria es vivir, devino en realidad de nuevo doscientos cuarenta años después.

 

Como bien habrás podido contemplar ellos te tienen un miedo atroz, tu mano de hombre muerto sigue acariciando conciencias despertándolas a unirse a la que siempre fue tu lucha, la de la libertad de nuestra patria; te supongo dichoso ante las últimas caídas de los tiranos de Túnez, Egipto y el amigo de los Castro, ese libio loco está a punto de unirse al club, el terror de los castristas está justificado, el conteo regresivo de la dictadura cubana está llegando a las últimas cifras, tú lo sabes y ellos también.

 

De nada valdrán las detenciones preventivas por centenares, serán vanas las golpizas cuyo dolor no se sentirá mientras se adivina el aroma de la liberación, las amenazas volarán al limbo del sinsentido casi como si hubieran sido proferidas en otra lengua, porque tu memoria y tu presencia nos hará ser fuertes ante el atropello, confortará nuestras heridas y reanimará nuestro espíritu.

 

Ninguna operación podrá impedir que aunque los represores hayan sitiado tu Banes natal por tierra y aire tú acudas a la cita, pues arribarás por el cielo y en espíritu, esas dimensiones son incontrolables para los hermanos tiranos, pensaron que privar de agua a un albañil negro y de magra figura lo doblegaría, fíjate que hoy el mundo te reconoce como un mártir, uno más en nuestra lucha, no lejos andará Boitel, Arcos y su compaña, dales recuerdos afectuosos de nuestra parte.

 

Se celebrarán misas para honrar tu memoria y tu alma, en los lugares donde disfrutan del preciado don por el que aventuraste tu vida, se manifestaran portando fotos tuyas en las manos aferrándose a ellas pues significan esperanza, aquí en nuestra patria lo tenemos complicado, los uniformes y chapas envilecidas bajo camisas de cuadros rodean casas, barrios y pueblos enteros, los que no están detenidos y traten de salir pasarán a los carros jaula que te resultan tan dolorosamente familiares.

 

Pero tú bien sabes que sus esfuerzos serán infructuosos, si no podemos hoy lo haremos otro día, nadie puede parar eternamente a todo un pueblo, los miedos se trocarán en valor, la rabia contenida se desbordará del vaso ahíto, los fieles comenzarán a desertar y los represores flaquearán en el cumplimiento de sus sangrientas ordenes, ese será el principio del fin, lo estamos viendo hoy en día.

 

Así pues Orlando ya sabrás que has triunfado, muchos compañeros de presidio disfrutan del sabor agridulce del destierro, otros salieron de su celda para continuar la vida en esta isla cárcel pero cada día son más los que proclaman a voz en grito su descontento, el sistema colapsó al matarte, tú simplemente aceleraste un poco su lenta agonía.

 

Me despido hoy, en el día del aniversario de tu muerte a manos de los hermanos tiranos, proclamando nuestra fe en Dios y encomendándonos a Nuestra Señora, enarbolando vivas a los Derechos Humanos, a Las Damas de Blanco y reclamando nuestra Libertad, como tú lo hacías en el Parque Central, como continuaste haciendo en el penal, seguiremos pues predicando, lo que tu denominabas, los Dos Evangelios.

 

La única esperanza para los vencidos es no esperar ninguna salvación. Una salus victis, nullam sperare salutem.

 

¡Orlando Zapata Tamayo vive!


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