jueves, 13 de enero de 2011

La gracia de la desgracia

por Rafael Bueno

Bloguero y Periodista Independiente

Revista Transición a la Democracia

 

9 de diciembre del 2010

 

Fotos: Carlos Lage y Yadira García

 

El hombre tiene en sus propias manos el molde de su fortuna  y sus desgracias. Mas cuando parece una gracia, está en presencia de una de las desventuras que menos imagina. El momento puede ser cualquiera. Solo si le toca la desdicha, de momento entra en el camino oscuro de la adversidad, se desmorona el mundo hasta que más tarde alcanza lo que a todos por ley divina le debe  llegar: la conformidad.

 

El poeta Inglés Lord Byron dijo: “Cuando pensamos que estamos dirigiendo nos están dirigiendo a nosotros”. Dos de los sucesores designados por Raúl Castro en su copiada ascendencia fueron el vicepresidente Carlos Lage y Yadira García, quien acomodarían como ministra de la industria Básica  entidad encargada de sectores productivos como el níquel, el petróleo, el cemento y la electricidad. Mujer de aires pulcros y primorosos, posesionada básicamente en las corrientes del poder y la cúpula oficialista. Lage hombre tímido y retraído de modales endebles y acciones irreflexibles prácticamente dirigía el país, pero no dirigía sus pasos.

 

En el dorso de su sombra estaba la imagen maléfica, y perniciosa que lo llevaría al final de macho cacique. Yadira lanzó su carné del partido sobre la mesa, se prendió de cómodos silencios para quedar ambos como Troski en la antigua Unión Soviética, muriendo de frío en la Siberia. Troski inventó el Ejército Rojo, mientras Lage pasa a menudo frente al mercado de Carlos tercero a pié, con gorra, jean y camisa de cuadros, con caminar alígero, mirada apesadumbrada, sin recordar su caché magno, en auto, con chofer, con atribuciones, con aires de grandeza, con superioridad, con potestad. Como un egregio magnifico, como un distinguido ilustre.

 

Yadira no quedó sin trabajo pero para una señora de su clase era demasiado humillante aceptar la propuesta del cónclave. Carlos Lage ha gozado la gracia de su desgracia, mientras Yadira García ha quedado inoculada con ardor comunista en una comparsa robótica donde siempre se queda con el sabor amargo del poder sin la nada. Ambos perdieron sus disciplinas pretorianas y cayeron en las filas de los de a pié, de los muchos con nada, de los que disimularon justamente sus hermosas desgracias. Ahora simplemente serán opositores reposados, voces apagadas de incertidumbres, guerreros de baja voz y hasta más tarde defensores de los derechos humanos en Cuba o en el exterior. Los nuevos amargos guerreros Cubanos de la próxima nueva clase se han ahogado de silencio y defraude. Ahora  pasarán a la lista de sus discípulos ex desgraciados: Roberto Robaina, Juan Carlos Robinsón Agramonte, Carlos Valensiaga, Felipe Pérez Roque, Carlos Aldana, Humberto Rodríguez y una lista interminable de regentes, quienes apartaron de su papel protagónico por incumplir su férrea disciplina de secta.

 

En Cuba funciona así, es propio de los sistemas totalitarios, exactamente de los exánimes sistemas comunistas que muy pocos quedan en el mundo. En sus manos el hombre tiene la fortuna de la desgracia. Y si su  apostura puede construir una fuerza que lo hace irreducible mas tarde de ella se deshace. Entonces no tiene existencia, queda sin lugar en las dudas, y más tarde excluido de sus antiguos débitos, sin preexistencia, desarmado, sin poses, sin voz y hasta peor, muerto.


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