miércoles, 10 de noviembre de 2010

Promete ser violento el próximo final de la dictadura castrista

por Héctor Julio Cedeño Negrín

Periodista Independiente

Prensa Independiente de Cuba

 

4 de noviembre de 2010

 

Foto: Héctor Julio Cedeño Negrín
 
El progresivo incremento de la violencia policial, por parte de los esbirros de la dictadura, augura un final sangriento para la tiranía castrista. En cualquier momento puede producirse alguna muerte violenta dentro del movimiento opositor. Si, en las quinielas españolas, solo se necesita del nombre del ganador, para saber quién es el afortunado, la primera víctima del terror policial de los tiempos presentes, solo necesita definir el nombre del infortunado. Lo demás, es dar tiempo al tiempo.

 

Esto lo precisa la actitud cada vez más amenazante, totalmente intolerante y brutal, del régimen militar cubano, en esta hora, la más difícil de los últimos cincuenta años para la dinastía de los hermanos Castro, que se presume, como de grandes y gravísimas dificultades de todo tipo, tanto en lo económico, en lo político, como en lo social. La desesperación de los dictadores y su nerviosismo creciente, provocará que de un momento a otro, se le vaya de la mano.

 

Así puede verificarse, en toda una serie de demostraciones desesperadas, ante el accionar de los jóvenes opositores. Lo vimos en la escalinata universitaria, en la golpizas a mujeres dentro de la Unidad de 21 y C, en el Vedado habanero, en la Iglesia de la Merced, donde propinaron un fuerte golpe a un opositor, en la Iglesia de Ave. 51 y calle 108, en Ave. 47 y calle 116, en 118 y Ave. 47, en Marianao, en la golpeadura a Reina Luisa Tamayo Danger, tirándola contra el suelo a la salida del cementerio y las amenazas de provocar su muerte y la de otros opositores en Banes, el pasado domingo y el posterior, comportamiento de los organismos policiales en ese lugar. Lo vemos además en toda una serie de choques entre los activistas de derechos humanos y las hordas de tiranía y en las redadas cada vez más profusas y habituales, que realizan las sulfuradas tropas de la dictadura, por los actos contestatarios, más frecuentes, numerosos y simultáneos, exigiendo libertad y democracia. Incluso están secuestrando personas, con mayor asiduidad y encerrándolas en lugares ocultos.

 

Hemos podido observar, el uso de ambulancias para trasladar policías y miembros de la contrainteligencia, escondidos dentro de ellas. Incluso llegan a los lugares en donde ocurre algún accidente, antes que los propios intensivistas que deben prestar auxilio. Esto para no llamar la atención de la ciudadanía y controlar la información sobre los sucesos, así como la utilización de garajes y parqueos de estos vehículos auxiliadores, para esconder autos patrulleros, policías y esbirros de la Seguridad del Estado. Una colaboración insólita entre el Ministerio de Salud Pública y los órganos policiales y represores. Hemos visto además, la obstrucción en los hospitales, del auxilio a opositores heridos y la presión a los médicos por parte de la policía castrista, para que no sean atendidos, ni emitido certificados médicos, a lesiones provocadas por elementos policiales, así como la toma de los propios hospitales por la policía y por miembros de la Seguridad.       

 

Recordémosle, a los dictadores, que en una de las llamadas ‘Repúblicas Socialistas’, la supuesta muerte de un manifestante, provocó la debacle del régimen comunista, aunque luego se comprobó que la noticia era falsa. En Cuba ocurren muertes por accidentes del tránsito y por otras causas, entre ellas por el derrumbe de algún edificio en mal estado, de los que abundan en gran cantidad en la ciudad de la Habana. Pero una muerte inducida por la acción virulenta de la policía política, puede provocar que el pacifismo de los opositores cubanos, se transforme de la noche a la mañana, en una lucha completamente violenta de la población en contra de la odiada dictadura castrista. Porque el pacifismo que practicamos, excluye totalmente la muerte de algún ciudadano, pero estamos observando, que las tropas represoras comienzan a utilizar algunas armas, que mantienen escondidas en vehículos y  esgrimen ya, con demasiada  frecuencia, métodos  funestos para la contención.

 

En los estudios realizados por  Vladimir Ilich, sobre las causas que provocaron el desenlace de la ‘Revolución de Octubre’, estaba el incremento paulatino de las protestas sociales por reivindicaciones para la población. Los dictadores cubanos insisten en que, quienes se manifiestan en Cuba, son grupúsculos contrarrevolucionarios, pagados por el gobierno norteamericano. Esa óptica absurda les impide ver la realidad. El Secretario General, de la represiva y alcahueta Central de Trabajadores de Cuba (CTC), dice que los trabajadores confían en la revolución y apoyarán las medidas tomadas contra ellos. Sigan creyendo que el chicharrón es carne, que se les partirán los dientes.

 

Lo cierto es que cada vez, la dictadura de los hermanos Castro, sigue caminando hacía su destrucción final, más desprestigiada cada día y como dicen: “El que anda, llega”. Los trece prisioneros políticos restantes de la ‘Causa de los Setenta y Cinco’ no han sido liberados aun, a tres días de incumplirse la promesa, aunque la satrapía es maestra del sensacionalismo y anda en busca de capital político, posiblemente esperará hasta el último día, para llenar las expectativas, porque no creo que sean tan torpes o estúpidos, como para incumplir y como le gusta saberse reina del show, posiblemente esperen al último minuto, del día siete.

 

Tal vez pretendan hacer como Barack Obama, que espera al último minuto, para realizar una apelación o firmar una ley controvertida y como la envidia es tal entre nuestros dictadores. Estoy casi convencido que anunciaran un indulto porque los hoy ‘Presos de Conciencia’ no eran más revoltosos para la dictadura que los que andan sueltos por las calles, salvo tal vez uno de ellos, hiperactivo en aquellos años. A fin de cuentas todos ellos, son siete años mayores y algunos están enfermos y cansados, porque las mazmorras de la dictadura son para destruir hombres o como dice Héctor Maseda, para enterrarlos vivos.  Veremos.


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