lunes, 22 de noviembre de 2010

El Congreso de los incondicionales

por Héctor Julio Cedeño Negrín

Periodista Independiente

Prensa Independiente de Cuba

 

15 de noviembre de 2010
 
Foto: Héctor Julio Cedeño Negrín

 

Los personeros de la tiranía castrista, anuncian su demorado sexto congreso, que debió realizarse desde el año 2002 según sus quebrantados estatutos. Durante aquellos años necesitaban un mandato expedito y para nada les hacía falta el envanecido Partido Comunista. Ni siquiera creían preciso convocar un foro de discusiones y debates donde pudieran surgir cuestionamientos a la política arbitraria y caprichosa del dictador y de su cercana cohorte.  

 

En las circunstancias actuales comienzan a pagar por sus caprichosas arbitrariedades, el pueblo cubano cansado, hastiado y aborrecido de sus nefastos gobernantes, se ha divorciado completamente  del proyecto castrista, donde no ve futuro, salida probable y mucho menos posible. Pero los arcaicos dictadores, le quitaron hasta la esperanza de una renovación generacional, se niegan a morir de una buena vez y a entregar el poder al que continúan aferrados, con uñas y dientes.

 

Los militantes comunistas, cada vez se convierten en una casta corrompida, separada de la población trabajadora y sacrificada. Reciben muchas prebendas y en buena parte pertenecen a los estamentos militares, otros muchos son dirigentes y garantes de la represión. Seguramente entre los miles de desempleados no estarán y si alguno se encuentra entre ellos, será reacomodado por su lealtad a la dictadura. La idoneidad para ocupar un puesto, seguramente pasará por la incondicionalidad a la que pertenecen los asociados comunistas.

 

Supuestamente el proyecto de Fidel Castro en los primeros años de la revolución, era aplicar los preceptos marxistas-leninistas, que concibiera y consiguiera, utópicamente, el bienestar para toda la sociedad, erradicara la pobreza, la desigualdad, el hambre, la insalubridad y eliminara las clases sociales, sobre todo, la odiada oligarquía que vivía, de esquilmar a la nación, en fastuosas residencias mientras el pueblo mayoritariamente se pudría en tugurios y en barrios insalubres.

 

En la actualidad Fidel Castro, sus hermanos, sus familiares y sus acólitos, viven en las mismas fastuosas residencias, que les robaron a los otrora oligarcas y millonarios cubanos, allá en los barrios de Siboney, Atabey, La Coronela, etc., etc. y todos aquellos de los que se apropiaron por la fuerza de las armas y desalojaron a sus antiguos moradores, como piratas que toman y saquean una ciudad. Allí levantaron altas cercas de más de cinco metros de altura, para que nadie vea cómo viven los nuevos oligarcas del castrismo. A eso le llaman “Punto Cero”, lugar del que no ha oído hablar, ni un cinco por ciento de los militantes del Partido Comunista, que debería llamarse en realidad, “Partido Castrista de Cuba (PCC)”.

 

El pueblo continúa viviendo en los mismos barrios insalubres de siempre, solo que ahora se han vuelto insalubres hasta las mismas ciudades, donde los derrumbes y el hacinamiento son cotidianos y las redes del alcantarillado no funcionan ni de modo regular, las redes pluviales están tupidas por la tierra y los desechos y las aguas de la lluvia corren calle abajo. El acueducto está formado por una extensa red de salideros que despilfarra la mitad del agua suministrada a las redes.

 

La educación, buque insignia de la propaganda revolucionaria y comunista, se encuentra en completa bancarrota y el empleo futuro para los estudiantes debe encontrarse en red de cuentapropistas, porque el estado no puede garantizar la ocupación, después de hacer polvo toda la estructura industria de la nación y todas las demás fuentes de empleo. La salud pública se encuentra alquilada a bajo precio en el extranjero y los hospitales en pésimo estado. La agricultura toda sembrada, de marabú y malas hiervas y los campesinos son una raza en extinción. Los nuevos agricultores deberán ser llevados a los campos de labranza, a punta de pistola y látigo, como en los tiempos de la esclavitud.

 

Las tesis del congreso son las mismas mentiras de siempre, en las que nadie cree desde hace mucho tiempo. La economía endeudada hasta los clavos, ya no hay forma posible de que a Cuba le presten un peso y la vaca venezolana de Hugo Chávez, se le está secando la leche. Si Cuba arruinó a los rusos, pobre de Venezuela. Por su parte Chávez, en su afán de imitar a su padrastro, Fidel, está llevando su país directamente hacia el desastre, ya ni las empresas navieras multinacionales quieren tocar puertos venezolanos, porque no hay dólares con que pagarles y para nada sirven los bolívares chavistas. Nadie les quiere vender porque se contagiaron con Cuba, que no paga ó quiere hacerlo con su desacreditada moneda, que no quieren ni los propios venezolanos.

 

Para más desgracia de la dictadura castrista, ganaron los Republicanos, en las elecciones de los Estados Unidos y la posibilidad de levantar las restricciones a los viajes de los norteamericanos, que difícilmente pasaría, de hecho no pasará. En cuanto a Europa, no les quedará otro remedio que mantener la presión sobre una tiranía arrogante y desvencijada, enquistada en la intransigencia y con la esperanza puesta en las manos del demonio, que siempre los ha favorecido, pero que sepa yo, el demonio no hace milagros.

 

Ahora centran la atención en conseguir entretener a la gente con esto de las licencias por cuenta propia y la esperanza de que el congreso castrista, haga cambios beneficiosos para la población, es toda una ofensiva, mediática, para convencer a los cubanos.

 

Afortunadamente para el pueblo de Cuba, al castrismo le queda poco, menos que lo que puede durar un merengue, en la puerta de una escuela.

 

¡Abajo la dictadura, caray!


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