jueves, 16 de septiembre de 2010

Profeta o Atalaya, ¿pero de quien?

por Julio Antonio Rojas Portal

Periodista y Bibliotecario Independiente

 

13 de Septiembre del 2010

 

  Foto: Castro y Nostradamus

 

Desde los tiempos más antiguos, han existido profetas y atalayas que vaticinaron eventos futuros que vendrán sobre la raza humana, ya sean catastróficos, o para el bien de la humanidad. Ejemplos de estos hombres se sobran: Michel de Nostradamus, y los santos  profetas mencionados en el Antiguo Testamento de las Sagradas Escrituras, (La Biblia): Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.

 

¿Que es un Atalaya? Es nada menos que el Vigía, centinela, observador, vigilante y guarda. Su misión consiste en estar parado en las torres de las murallas, el mirador, y el faro. A las horas en que una nación duerme, descansa, o está de fiesta, pues ellos son los encargados de dar las voces de cualquier peligro que pueda acercarse desde el exterior, ya sea la invasión de ejércitos foráneos que los quieran  conquistar, como de fieras, o catástrofes naturales. También tienen la misión de alertar al pueblo de sus pecados para que el juicio del Altísimo no sobrevenga a la nación.

 

Antes de ser escogidos para este ministerio, tenían que confesar sus pecados ante un sacerdote, el pueblo, y esperar que el perdón Divino con su misericordia los bañara totalmente, entonces sufrían una transformación en santos para la misión encomendada. Siendo sus caminos rectos y agradables ante el Creador y la nación, y sus palabras nunca caían al vacío porque eran acompañadas por la Unción y el Espíritu de la Verdad.

 

Hoy en Cuba el ex gobernante Fidel Castro, se ha autoproclamado profeta y atalaya ante el mundo, vaticinando y dando voces de un holocausto nuclear que se avecina, el cual hay que evitar a toda costa  porque sería la casi total destrucción de la especie humana, (según sus palabras).

 

Es bueno recordar que las catástrofes en el mudo no son nuevas, porque desde que Dios creó al hombre y este se apartó de sus caminos, el afán de engrandecerse asimismo, hacerse poderoso, humillar, y enseñorearse sobre otras naciones, jamás ese anhelo se ha apartado de él. Todo esto es pecado ante los ojos del Señor. 

 

¿Fidel Castro está exento de estos caminos? Si analizamos algunos aspectos de su vida, esos darán las respuestas, desde que se apoderó del poder en Cuba en 1959 hasta la fecha en la  cual se vio obligado a cederlo a su hermano por motivos de salud. Desde los primeros años de su revolución hasta la década de los 90  ha sembrado el desorden, caos y terror en muchos países latinoamericanos a través de guerrillas que él personalmente se ha encargado de introducir, apoyar y financiar,  en esas naciones que no han podido ponerle fin a la subversión.

 

Y qué podemos decir de la peor crisis que hubo en el año 1962 del pasado siglo conocida como la Crisis de los Mísiles, en la cual el mundo estuvo a punto de des aparecer en un conflicto nuclear entre la extinta Unión Soviética y los EE.UU. donde el principal escenario era Cuba. Y el mismo Fidel Castro le había planteado a Kruschév , Presidente de la Unión Soviética en  aquellos entonces, que era necesario que ellos lanzaran primero los cohetes, que si Cuba tenía que desaparecer como ejemplo para el campo socialista que desapareciera, testimonio verídico de los que estuvieron presente en aquélla crisis, algunos ya desaparecido,  otros aun viven.

 

¿Cómo es posible que a estas alturas se aparezca con rostro de santo, con misión de profeta y atalaya ante el mundo? Antes que nada este Sr. no ha confesado ni expiado públicamente ante la nación y el mundo sus pecados, principalmente en Cuba,  la cual él ha gobernado como dictador por medio siglo, nuestro país era semejante a una perla con todo su brillo y resplandor para dirigirlo en paz y armonía.

 

Antes de ir por el mundo dando voces del Apocalipsis que se avecina, que solo el Altísimo tiene la facultad de los tiempos y las sazones (Fechas), debió de revisarse  asimismo y reconocer el caos y destrucción que ha generado sobre nuestro país. De seguro que las respuestas que encontrará no serian para nada halagüeñas. Le tocaría hacer como los santos profetas del Antiguo Testamento en la Nación de Israel. Entrar en un ayuno  de lamento y lloro, rociarse cenizas sobre su cabeza, rasgar sus vestiduras y pedir un perdón genuino al Creador. Si todo esto lo hace con sinceridad de corazón ante el Señor, bajaría del Trono de Dios un Serafín con un carbón encendido para ungir sus labios quitando su culpa, quedando comisionado para el nuevo ministerio (Isaías, Cáp. 6 del Antiguo Testamento).

 

Naturalmente, todo esto puede ser posible si está dispuesto a romper con su personalidad, orgullo, arrogancia, mentira, altivez y vanagloria. En otras palabras, dejar de ser el mismo. ¿Tendría el suficiente valor para hacer esa tremenda transformación personal en su vida a estas alturas?

 

Pues para que sea el Espíritu de la Verdad el que lo acompañe en este ministerio que el mismo se ha impuesto como vocero de catástrofes, tiene que estar dispuesto a cambiar. De lo contrario, el espíritu que puede estar hablando a través de sus labios es el de la manipulación y la mentira. No se ha seguido las reglas espirituales de subir por la escalera, sino la de brincar el muro, astucia diabólica. Entonces, volvemos a preguntarnos Profeta o Atalaya, ¿pero de quien?


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