lunes, 5 de julio de 2010

¿Qué dialogaran, Raúl Castro y Jaime Ortega?

por Héctor Julio Cedeño Negrín

Periodista Independiente

Prensa Independiente de Cuba

 

1 de Julio del 2010

 

Ciudad de la Habana.  Aunque no soy curioso, confieso, que me gustaría conocer sobre que tratan las conversaciones entre Raúl y Jaime Ortega. Porque el sátrapa de guardia, ha vivido toda su vida en Cuba y Jaime casi toda. Ambos conocen palmo a palmo, todos  los problemas de Cuba y además sus intríngulis y recovecos, pero incluso Jaime, conoció la barbarie de las UMAP, los campos de concentración fascistas, de la dictadura castrista. Por ello pienso, que bastaría un par de  horas, para  revistar a toda la problemática de nuestra nación y elaborar, su probable solución.

 

Convencer a Raúl Castro, de que la situación que se avecina, es peligrosísima y de que debe actuar de forma inmediata para encontrar una solución al problema de Cuba,  no hace ninguna  falta, porque el general lo sabe muy  bien. Tratar de darle garantías al general, si fracasaran  las reformas que deberá aplicar y se derrumbara su régimen, como ocurrió en la antigua Unión Soviética y garantizarle que todo podrá arreglarse, no lo puede solucionar el Cardenal, salvo que a través del Papa Benedicto, pueda conseguirle un asilo, dentro de la Ciudad del  Vaticano. Pero difícilmente,  el Pontífice  consienta en resguardar,  asimismo, a su hermano Fidel,  porque puede ser reprendido por el Señor,  por convertir a la Corte pontificia, en algo muy parecido, al mismo infierno, con diablo asegurado y todo lo demás.

 

Si las conversaciones discurrieron, sobre la posibilidad de que la Iglesia, pueda reasumir su antiguo roll, en la enseñanza y la educación de nuestros jóvenes y devolverle  las numerosas escuelas católicas, que proliferaban por todo el país, como insinuaba en un pasado discurso, el Cardenal Ortega, me parecería maravilloso, porque de esta forma, adecentaría  la sociedad cubana y le conferiría un sentido humanista, como bien sabe predicar,  la Iglesia Católica. Muy carentes estamos los cubanos, con la prédica del ateísmo, superficial e indolente, que impusieron los tiranos, aun en turno.  

 

Si se discutió, entre el Cardenal y el general estrellado, permitir a la Iglesia Católica como institución, administrar, fiscalizar y asesorar, centros hospitalarios y benéficos, en colaboración con el Estado, así como permitir la instalación en Cuba, de instituciones caritativas religiosas de esa denominación y con carácter internacional, que puedan funcionar de forma autónoma, despolitizando así, el humanismo, que los gobernantes cubanos practican,  para su arreglada conveniencia propagandística, me parecería excelente.

 

Si verdaderamente en las conversaciones, entre la Iglesia y el gobierno dictatorial cubano, se discutieron las cuestiones de los Presos Políticos y la necesidad de mejoras en las condiciones de su encierro,  la puesta en libertad, al menos, de los más enfermos - aunque considero que debían liberarlos a todos-  y si ciertamente se intercedió para que cesara la represión contra las Damas de Blanco y se les permitiera, sin el matonismo carcelario de la dictadura, marchar por las calles de sus ciudades con su reclamo de libertad, también habría que agradecer a la Iglesia Católica cubana, por todo el esfuerzo.

 

Pero si estas supuestas conversaciones, son una forma de permitir, que la tiranía gane tiempo para que  pueda tratar de encontrar una salida, sin entregar nada a cambio, asida, bien al salva vidas de la Unión Europea, por la labor de España en particular  o algún otro, asidero, que le beneficie y le permita que escape, a las diversas condenas internacionales,  encubriendo o minimizando sus atroces crímenes so pretexto de que está realizando este cacareado diálogo, con la institución Católica cubana y que eventualmente resultará en un paso positivo para mejorar el bienestar del pueblo cubano, algo que se ve bastante oscuro y tardío, esa Iglesia, será considerada cómplice de la dictadura castrista y resultará denigrada por los cubanos.

 

Esperemos que los prelados cubanos, actúen de buena fe y comprendan que su labor debe de estar,  ciento por ciento, en consonancia absoluta con las necesidades e intereses del pueblo cubano, únicamente.


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