lunes, 19 de julio de 2010

Excarcelación de presos de conciencia, un reflejo de las nuevas circunstancias de la realidad cubana

por Dr. Darsi Ferrer

 

8 de Julio del 2010

 

La Habana.  El anuncio de la pronta excarcelación de los presos de conciencia de la Primavera Negra del 2003, como resultado del proceso de diálogo entre las autoridades del Gobierno y la jerarquía de la Iglesia Católica, implica una significativa victoria para la Oposición y quizás represente un paso de avance para la sociedad cubana, porque demuestra la vía de encontrar soluciones civilizadas ante los desafíos devenidos de la precaria situación que atraviesa el país.

 

La satisfacción porque termine la injusticia que sufren los presos de conciencia y el martirio que soportan sus familias, debe servir de incentivo para lograr que se gestionen nuevos pasos que alejen a la sociedad de los apremiantes males que hoy padece y que amenazan a la nación con convertirla en un estado fallido. Urge que entre todos los actores que están vinculados de alguna u otra manera con el panorama nacional, se negocien salidas viables para todos, que contribuyan a mitigar el sufrimiento del pueblo, y a encauzar el rumbo liberalizador y democrático de la Patria de Martí.

 

La acción realizada por el Gobierno, que permite la excarcelación de los presos, constituye un paso meritorio de reconocimiento por su impacto positivo y justo. Es de esperar que le sirva de referencia para asumir pasos posteriores en el orden de ofrecer garantías jurídicas que eviten para el futuro incurrir en otras oleadas represivas por motivaciones políticas. También representa una experiencia que invita a los dirigentes y cuadros de la oficialidad, a que superen los temores e incertidumbres que generan los cambios, es hora de que actúen desde una perspectiva más a tono con las realidades y necesidades de los cubanos.

 

Los resultados concretos alcanzados por la Iglesia Católica con su papel mediador en el proceso del diálogo, le aportan mayor reconocimiento como institución independiente de la sociedad civil, y deben constituir un estímulo para que le pidan al Gobierno que les reconozca derechos que son inherentes a la esencia propia de la Iglesia, como es el brindar asistencia religiosa dentro del sistema carcelario de la Isla y tener más participación en la asistencia humanitaria de personas en condiciones de desamparo. Esas funciones están aún hoy muy restringidas por disposiciones del Gobierno y de eliminarse las restricciones redundaría en beneficio para la población.

 

Parte importante del logro obtenido en el proceso de diálogo le corresponde al gobierno español, con su papel conciliador acompañando al Gobierno y a la Iglesia. Esos resultados positivos no deben ser minimizados al estrecho propósito de tomarlos como bandera para presionar a sus socios de la Unión Europea, en dirección de desmontar la política vigente de la Posición Común. Una actitud más responsable sería que se tomaran como aliento para seguir influyendo en la adopción de medidas que faciliten en Cuba una transición pacífica hacia un sistema democrático y plural, como el que ellos disfrutan en España, que les garantiza el ejercicio de las libertades y derechos fundamentales a sus coterráneos sin ningún tipo de discriminación.

 

En las circunstancias actuales la Oposición precisa de superar los obstáculos que le han impedido conducirse como bloque. Requiere de asirse a una plataforma mínima de consenso donde se impulsen acciones comunes que respondan a las necesidades presentes en la nueva realidad de la nación. Y la proyección de las acciones no es posible conducirla por la vía de esquemas ideológicos o políticos, sino que debe intentarse desde una perspectiva humanitaria, que se enfoque en disminuir las consecuencias perjudiciales de la supervivencia cotidiana que sufren la mayoría de los cubanos, y que busque la interacción constructiva con todos los actores o agentes de cambio que puedan influir en las negociaciones para avanzar entre todos a la implementación de soluciones para bien de la sociedad.

 

La decisión del Gobierno de excarcelar a los presos es motivo de alegría pero también deja una estela de incertidumbre, porque la medida no se acompaña de garantías que despejen los temores de que se trate de una maniobra para ganar tiempo, más que de un cambio de política dirigido a desmontar la aplicación del aparato represivo como instrumento de intimidación y control social.

 

Resulta evidente que por sí sólo el Gobierno no tiene la capacidad de resolver los crecientes problemas que afronta la sociedad cubana. También es insuficiente la participación de la Iglesia por la enorme dimensión de los problemas de la nación y la magnitud de los peligros que la acechan. Es hora de que se reconozcan de manera oficial los demás sujetos de la sociedad, en este caso los grupos y asociaciones de la Oposición, y que se permita su participación normal en las distintas esferas de la vida nacional, lo que daría más posibilidades de buscar soluciones entre todos.

 

La Oposición por su parte puede llegar al consenso de trabajar por lograr como segundo paso en la realidad del país, que el Gobierno haga modificaciones a su Ley del Registro de Asociaciones, para que las organizaciones de la sociedad civil sean reconocidas por el orden jurídico. Ese es un derecho que, entre otros beneficios, resolvería la exclusión que sufren miles de cubanos que son tratados como enemigos por las autoridades y se les margina de su participación en los asuntos de interés de la nación.

 

Otro reclamo mínimo de primer orden para la Oposición lo constituye la petición al Gobierno de la ratificación de los Pactos de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ya firmados hace unos años, lo que terminaría de evacuar las dudas y temores actuales sobre la intención de los pasos dados por el Gobierno, y tendría por efecto el guiar a la sociedad hacia un ambiente de civilización y ordenamiento jurídico, que brinde mayores facilidades para continuar avanzado por el camino de las negociaciones conciliadoras entre todos.

 

Una importante acción consensuada por la Oposición sería el de hacer extensivo a los 27 países que conforman la Unión Europea, la propuesta de que para el próximo encuentro que tendrán durante el venidero mes de septiembre, donde analizarán específicamente la situación de Cuba, avancen de la política comunitaria de presión sustentada en la Posición Común a la implementación de una política coordinada que se enfoque en la petición al Gobierno de la  ratificación de los Pactos de Derechos Humanos de la ONU y que legalice el reconocimiento jurídico de los diferentes grupos de la sociedad civil.

También la Oposición puede influir de manera decisiva en la mediación para adoptar soluciones que resuelvan el prolongado diferendo existente entre los gobiernos de Cuba y EEUU, que por las tensiones que provoca y la falta de relación bilateral normal entre ambos países causa graves perjuicios a la sociedad cubana, la que además tiene un sector poblacional significativo que radica en el territorio americano, principalmente en el estado de la Florida. 

 

Concretamente la Oposición tiene la opción de proponerle al gobierno de los EEUU que avance a la eliminación de las medidas de presión, como la derogación del embargo económico, que interfieren con la vía de la negociación como mecanismo pacífico y viable para la búsqueda de soluciones al problema nacional. Y que además se vincule junto a la Unión Europea, en una plataforma mínima, donde coincidan en la política coordinada de apoyo a la propuesta de la Oposición, la que exige al gobierno cubano la ratificación de los Pactos de Derechos Humanos y el reconocimiento legal de las organizaciones independientes de la sociedad civil.

 

La sociedad cubana necesita del empeño y la audacia de todos los actores con capacidad para participar en la construcción de un destino nacional que beneficie a todos. Es enorme el desafío y numerosos los factores desfavorables que tienden al pesimismo y la desconfianza. Pero el amor a la nación, la necesidad de adecentar a la sociedad y conducirla a un ambiente civilizado, el deber y la responsabilidad de actuar en favor del bien común y las crecientes penurias de la población, obligan a convertir este proceso de diálogo que se ha explorado con resultados alentadores en la esperanza de cambios, que favorezcan a todos los cubanos y devuelvan la posibilidad de vivir dignamente y en armonía dentro de la nación cubana. Lograr esos resultados depende del esfuerzo de todos.


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