lunes, 19 de julio de 2010

El General Raúl, en su laberinto

por Héctor Julio Cedeño Negrín

Periodista Independiente

Prensa Independiente de Cuba

 

12 de julio de 2010

 

Los intríngulis de la vida, en ocasiones, conducen a los hombres por disímiles senderos y lo que fuera en una fecha, algo insospechado, se convierte hoy en la realidad. A eso me llevan los recuerdos, porque como el dicho, ‘recordar es volver a vivir’. Recuerdo, recuerdos, no puedo precisar la fecha exacta. Para hacer eso, tendría que revolver papeles polvorientos, donde se esconden los ácaros que pueden provocarme un catarro inoportuno ó un ataque de asma. Aunque no creo que sea necesaria, tanta precisión.

 

Me refiero a un discurso, del general estrellado, de finales de los ochentas. Tal vez él, pueda recordar la fecha exacta y las palabras precisas que utilizó. Se refería en su alocución, a la negativa rotunda de la dictadura, de cambiar el llamado socialismo cubano e incitaba, a los que no querían convivir con el sistema, a marcharse hacia mejor lugar. Ellos siempre se creyeron los conquistadores de Cuba y por tanto, los dueños del botín.

 

También su hermano lo decía, a comienzos del año ochenta: “a los que no quieran construir el socialismo, no los queremos, no los necesitamos”. Esas palabras, concatenadas con las del Presidente, James Carter, dieron origen al éxodo del Mariel. Carter dijo algo así como: “a los ciudadanos que no desee el gobierno de Cuba, el gobierno de los Estados Unidos, los recibe con los brazos abiertos”. Y hacía allá, fue la avalancha.

 

Pero en su discurso,  Raúl, recomendaba a los inconformes, el país a escoger. Mencionaba por su puesto, a los Estados Unidos de América, la nación que los trastorna y los impele, rabiosamente, a la envidia.  Decía el General, algo así como: “… quien lo desee,  pueden irse a cualquier otro país, incluso si lo prefiere, pueden marcharse a Polonia,  donde gobierna, mi gran amigo, el General Wojciech Jaruzelski”.  Esta acción  burlesca,  de  Raúl Castro,  desde ese mismo instante, me dio la medida de su superficialidad, su vulgaridad y de su falta de tacto y  de respeto. Se refirió así, a su colega de años, al  que hipócritamente  le había expresado palabras afectuosas, desde tanto  tiempo atrás.  Prácticamente aprovechó  la ocasión, para tacharlo de traidor, a su vociferado comunismo.

 

Pero vean las vueltas que da la vida, antes de marearse. Ahora Raúl Castro, se encuentra en una situación muy similar, a la del general polaco  y  trata a toda costa, de utilizar las mismas tácticas, que utilizó Wojciech Jaruzelski, para la negociación de su estatus, la Iglesia Católica. O sea, Raúl, trata de copiar a pie juntilla, al hombre al que tanto despreció. Claro, pensando siempre, que él tendrá mayor habilidad que el otro general y que podrá manipular, más fácilmente, al Cardenal Jaime Ortega,  que ciertamente,  no es ni la suela desgastada, del afamado Cardenal, Karol Wojtyla. Pero incluso, para la negociación con el Obispo, utiliza elementos aptos para el chantaje, del vilipendiado Cardenalillo y este a su vez, se deja en mucho, manipular, como a un dócil muñeco.

 

Ahora el militar, se está tornando ‘religioso’, hace unos días fue con el niño Elián González, a un oficio de devoción, no Católico - que ‘tierno’, mi General -, porque la Iglesia Católica, la más poderosa de todas sobre la faz de la tierra,  los había excomulgado, a él y a su hermano, desde hace mucho tiempo (los lobos, después de perder los pelos,  adquieren pelucas, de piel de ovejas, pero la lana, suministra un calor tremendo, en el  verano cubano y hasta produce, una feroz picazón). Ahorita le levantan la excomunión, y la Iglesia los perdona. Bueno, Dios es amor y lo dispensa todo, aunque ellos no son, ni Dios, ni pueden pretender, suplantarlo.

 

Posiblemente construyan una Capillita dentro del ‘Punto Cero’, si es que ya no lo  han hecho. Tal vez alguien que vivió por allí, pueda saber al dedillo, si existe en esa zona, cercada y tapiada, predio particular, de los Castro y de sus acólitos, alguna Iglesia de esas, de las que ellos se apropiaron, ‘robosamente’. Debe haberla, porque esa franja de terreno es bastante extensa y los cubanos siempre fuimos muy Católicos y teníamos una casa de Dios, en cada esquina, aunque ellos siempre trataron de asesinar nuestro credo, los comunistas, conversos, traidores y transmutados, pero sobre todo, fariseos.

 

El General, que  no es  tonto, aunque hable bastante poco, está regresando a “Dios” ó por lo menos eso pretende con el favor y la ayuda, del propio Satanás.

      

Tal vez mi distinguido amigo, Al Gutiérrez, pueda recordar, si existía alguna Parroquia por ese sitio, él que vivió cerca del lugar. Si es así, allí podría oficiar el propio Cardenal Ortega, esa es una zona exclusivísima y el Arzobispo, es de toda la confianza, del General. O podrían construirle alguna Parroquiecita, por el distrito, como la ortodoxa Griega, construida por los comunistas y que le regaló Fidel Castro, al Prelado ortodoxo que vino a bendecirlo años atrás. Edificada esta, en un área decomisada, ladinamente, a la Iglesia Católica cubana y de la que se apropió, el dictador discontinuado, ilícitamente.

 

Esto da la medida de lo que espera el general. El sabe que puede llegar el final, de un momento a otro y trata de protegerse las espaldas y tal vez conseguirse así, el asilo Vaticano. Qué bien, hace falta que se vaya, aunque sea para allá - no hace mucho estuvo en Italia y parece que le gusto el país y sobre todo el campo de golf, más grande del mundo -, pero sí, que se vaya, es lo que necesita el pueblo de Cuba y que se lleve a los otros, todos, que no deje ni a uno solo, para muestra. Que cargue, en pleno – el más pleno de los Plenos -, con el comité geriátrico central, del que hablaba la canción de Gorki Águila.

 

Nosotros nos quedaremos gustosos, con nuestra destartalada patria, la de Martí, la de Maceo y la de  tantos otros dignos, pero no, ciertamente,  la de Fidel, ni Raúl, que tanto daño le han hecho a este país.  Yo, si es necesario, renunciaré a ser, vuestro sepulturero y enterrador, regalaré hasta la pala que tengo gestionada, y con la que estaba dispuesto a apalear  toda la tierra necesaria para sepultar, personalmente a los dictadores, aunque quedara exhausto, por el esfuerzo. Ya  pondremos de maravillas el país, sin el odiado comunismo castrista, pero ni de visita los queremos por acá, en el futuro luminoso de la nación cubana.

 

Y que vivan mil años más, si es preciso, pero que vivan, sobre todo, bien lejos de nosotros.


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