domingo, 6 de junio de 2010

Estado -Iglesia, "algunos presos" y la manipulación propagandística

por Jaime Leygonier
Periodista Independiente


21 de mayo del 2010


La Habana. El Estado cubano y la Iglesia católica anunciaron mediante el periódico, Granma y del Arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega Alamino, que conversaron el 19 de mayo y continuarán conversaciones.


Según Monseñor Ortega, sobre “/…el alivio de la situación de los presos, la liberación de algunos, distinto y novedoso en el sentido muy positivo…/” y según Granma sobre “/…temas de interés común, en particular el favorable desarrollo de las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado cubano, asi como la actual situación nacional e internacional”.


En Cuba la propaganda siempre es doble, con un mensaje para los cubanos y otro para el extranjero. Y ahora, el mensaje estatal para el pueblo es de “favorable desarrollo de las relaciones” con la Iglesia, con foto en primera plana del arzobispo de La Habana, Cardenal Ortega y el Arzobispo de Santiago y Presidente de la Conferencia de Obispos, Monseñor Dionisio García, riendo ambos con el General Raúl Castro.


Y, para el extranjero, Monseñor Jaime Ortega (severamente criticado por la pasividad de la Iglesia ante los crímenes de la Dictadura y por declarar que la prensa internacional “agrava la crisis” por su “violencia mediática” de la que el Gobierno “se defiende”) trasmite ahora el mensaje de que la Iglesia labora como “/…mediadora, interlocutor/…/por el alivio de la situación de los presos, la liberación de algunos…/”. Lo que califica de “/…distinto y novedoso en el sentido muy positivo/…/ abre un periodo…/” y además se refiere a un proceso entre la Iglesia y el Estado de /…superar los viejos agravios…/”.


Granma el 21 de mayo reproduce esas palabras de Monseñor bajo el titulo “Califica Cardenal de positivo el dialogo con Raúl” (Castro) y añade una nota de prensa del Cardenal sobre la visita a partir del 15 de junio del Secretario del Vaticano, para las relaciones con los estados, Monseñor Dominique Mamberti, invitado a una semana Social de la Iglesia, que, dice la nota, se celebra anualmente, aunque muchos católicos ignorábamos que existía.


El Noticiero de T.V. reproduce esta nota que finaliza resaltando: “La visita/…/no está relacionada con las gestiones que en las últimas semanas ha hecho la Iglesia en Cuba ante las autoridades del país a favor de los presos y las Damas de Blanco.


Monseñor Ortega parece más preocupado que por la suerte de los presos - con “algunos” se conforma –por afirmar que el Gobierno cambia y que él y la Iglesia cumplen su deber– con el argumento preferido de la política española hacia Cuba: Los pequeños “gestos” que auguran "cambio (“/…abre un periodo…/”).


Por tan "novedoso" parece iniciativa del César que "no sede a presiones " pero pudiera ser magnánimo a ruegos de la Iglesia y confundir y evitarse más mala propaganda al atajar la muerte por huelga de hambre de Fariñas, liberar a los presos cuya salud quebrantó gravemente y quitarse de arriba a las damas o dividirlas al liberar "algunos".


Por supuesto que la liberación de los presos sería “positiva”, venga por las causas que venga, y es deseable la mediación de quien merezca confianza como mediador, pero parece la vieja maniobra propagandística de que el Gobierno mejora, “dialoga” y lo único “novedoso” es la Iglesia como instrumento de los Castro y sus aliados españoles que necesitan desesperadamente “gestos” para defender el cambio de la posición común europea hacia Cuba.


Preocupa que el Estado no declara y Monseñor Jaime Ortega declara ¡a nombre del Estado! y no de la Iglesia. También la expresión “/…Liberar algunos presos…/” pues hace décadas que los Castro juegan con sus vidas liberando alguno y apresando a otros, por ventajas propagandísticas y coyunturas.


La ambigüedad y falta de trasparencia de las declaraciones es la habitual de ambas partes: Ninguna declaración conjunta, ninguna explicación de lo que se trató o pretende con las negociaciones: Monseñor dice que el Estado dice que tal vez…


La visita del secretario de la Santa Sede y el hecho de que el Estado desconociendo a los obispos cubanos trató siempre con la Iglesia de Cuba a través del Nuncio apostólico, lo que da a sus relaciones con la Iglesia local carácter de relaciones diplomáticas con el Estado Vaticano, resta crédito a la afirmación de que esa visita “/…no guarda relación con las gestiones/…/ a favor de los presos y las Damas de Blanco”.


Cualquiera que sean las motivaciones de las partes involucradas, es de desear que beneficie a los presos sin confundir más a la opinión pública con el espejismo de “los pasos positivos” y “las buenas intenciones” de la Dictadura, y que la Iglesia que no es “cubana”, sino católica, es decir, mundial, cumpla sus deberes en Cuba.


Que la liberación de los presos no sea de “algunos”, como dijo Monseñor, beneficiados en inhumano sorteo propagandístico, ni signifique acabar con las Damas de Blanco “por las buenas” al soltarles a sus seres queridos con la salud destruida, para apresar luego y destruir a otra hornada de disidentes.


Sustituir con nuevos rehenes que regalarles como mascotas a tal o cual político a los que desde el 2003 tan amargo le cuestan al Régimen. Si continúan las leyes represoras de las libertades fundamentales, será arar en el mar y nuevas familias sustituirán en el Calvario a las Damas de Blanco, pero Dictadura e Iglesia habrían aparentado lavarse en el Jordán de las buenas intenciones.


Si la Iglesia “/…supera viejos agravios…/” con el Estado que la persiguió y sujeta, que no agravie a la Nación con servir a la política de ganar tiempo para la dictadura y limpiarla un poco. Y ¿cuáles agravios no perdona a los disidentes puesto que preconiza el dialogo con la Dictadura mientras da con la puerta en las narices a opositores y prensa independiente?


En Cuba no se juega la Iglesia el prestigio de un arzobispo, que ya lo perdió sin remedio –por lo que la Iglesia para cualquier acción seria necesita sustituirlo por mediador creíble, verdaderamente neutral e independiente de la zarpa de los Castro– sino el prestigio de la Iglesia Católica, que no puede jugar en Cuba un papel pro-dictadura ni pro-intereses europeos antinacionales.

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