domingo, 6 de junio de 2010

Derecho a viajar… y a no ser extorsionado por la dictadura

por Jaime Leygonier

Periodista Independiente

 

20 de mayo del 2010
 

 

La Habana. A Cuba, como reliquia de la Guerra Fría, la enrarecen mecanismos que con los años perdieron su sentido original práctico militar y se hicieron absurdos simbólicos –como el embargo estadounidense y las facilidades a los cubanos para emigrar a los EE.UU.

 

Viajar significa visitar a la familia según el  muy legal derecho a viajar y la muy humana relación familiar y, a la vez, costear a la Dictadura y los males a que ésta somete a esa misma familia y a la Nación. ¿Cómo salirse de esa trampa?

 

El embargo fue una medida práctica contra una dictadura emergente que confiscó los bienes de ciudadanos norteamericanos en Cuba en nombre del patriotismo y luego los confisco a los cubanos en nombre de la revolución socialista, un medio militar de rendirla provocándole crisis.

 

Las facilidades para emigrar nacieron para refugiar en EE.UU. a quienes peligraban en Cuba por persecución de la Dictadura.

 

Eran medidas extraordinarias que sus creadores suponían durarían poco tiempo; en Cuba todo el mundo repetía que el derrocamiento de la Dictadura era cosa de 6 meses (y esa fue una de las causas por las cuales no la derrocaron).

 

En 1962, con el acuerdo entre EE.UU. y la URSS a raíz de la Crisis de los Cohetes, cesaron los planes estadounidenses de rendir a Castro por las malas, y el embargo y la emigración quedaron  como esas minas de la Segunda Guerra Mundial que aun flotan o aparecen enterradas, oxidadas y peligrosas.

 

Para EE.UU. dejó Cuba de ser asunto de relaciones exteriores para convertirse en política interior –y la peor parte de ésta: la política electoral. “Embargo” (remesas familiares incluidas) y viajes se convirtieron en farolas de la comparsa electorera y desfilan presidentes que aflojan o aprietan a Cuba para influir en la votación sin concluir la pesadilla cubana.

 

Como depende de la coyuntura electoral, no existe una política duradera sino bandazos de presidente en presidente. Y la Dictadura tiene una política de 50 años.

 

Política simple: Digan o hagan lo que sea el mundo y ellos, ellos no sueltan el poder, y como el poder agotó la economía y apenas pueden continuar de parásitos de ella, como se secó la ubre de la URSS (aunque ahora amamanta Chávez) los rehenes tienen que pagar.

 

Los cubanos de EE.UU. tienen que costear con su sudor de trabajadores “en las entrañas del monstruo imperialista” a la Dictadura que oprime a sus familiares de Cuba, o estos no comen. Fracasa todo dialogo porque no son políticos, son secuestradores.

 

Las medidas, siempre en apasionado debate, perdieron su sentido original de derrocar a Castro y refugiar a sus perseguidos. Perduran como aquel mueble inservible de la difunta abuela que nadie se atreve a tirar. Y, lejos de derrocarlo, lo sostienen, especialmente el sueño de solucionar “mi problema” emigrando impide soñar con liberar a Cuba.

 

El embargo o bloqueo, si consultamos el diccionario no es hoy ni una cosa ni la otra, sino unas pocas restricciones al comercio de EE.UU. con la Dictadura, que compra en EE.UU. casi todo.

 

Las facilidades de emigrar rara vez tienen que ver con dar asilo a los anticastristas. El leguleyismo de “pies secos, pies mojados” es un absurdo muy inhumano, vergüenza para el sistema legal estadounidense.

 

Convierte el peligro en juego de niños “safe” si tocan la base o “out” si no la tocan, y ser repatriados cuesta prisión o ser parias en Cuba.

 

Los que temerosos por sus vidas y familias solicitan refugio tienen que hacer trámites que demoran años y que son del conocimiento de los órganos represivos desde la primera gestión. Siendo su origen ¡el derecho de asilo de quienes necesitan los salven de inmediato!

 

Un requisito para ser aceptado como refugiado es “demostrar temor”, que en Cuba es como demostrar que respiramos por “los huequitos de la nariz”; temen con razón todo opositor y hasta el general Raúl Castro. Y quien sea “más bravo que Maceo” y no tema, no corre menos peligro por ello.

 

Los que gestionan emigrar legalmente son excelentes “revolucionarios” que van a una “marcha antiimperialista” y votan a favor del socialismo y por los Castro mientras llevan en los bolsillos los papeles para la cita en Inmigración o en la Oficina de Intereses de los EE.UU.

 

“Del lado de allá”  son capaces de declarar, como hicieron “del lado de acá”, que no emigran por razones políticas sino económicas, como si los problemas económicos en Cuba no se debieran a la economía del comunismo y los privilegios migratorios a los cubanos  respecto a emigrantes de otros países no obedecieran a esa misma causa política.

 

Como la Dictadura recuerda a esos moribundos que entierran a toda la familia, se alzan voces de intereses: desde los de los hijos separados hace años de la madre anciana hasta los de mercachifles golosos de especular con la miseria cubana en nombre de sus derechos.

 

Y exigen al Gobierno de los EE.UU. que concilie relaciones de “normalidad” con las anormalidades de la falta de derechos y protección legal en Cuba y  “acomode” esas restricciones antiguas.

 

Es como conectar un equipo eléctrico europeo a la toma de corriente en Cuba, deseable, muy bueno, pero imposible sin profundas transformaciones; y hasta ahora los ancianos de las perretas rigen a Cuba y  los estadounidenses procuran en vano razonar con ellos.

 

Quien viaja a Cuba puede ser apresado, asesinado, y aunque esos casos ocurren en otros países, con ellos el gobierno estadounidense tiene acuerdos, relaciones normales, para proteger al visitante, no con el consejo de ancianos de Cuba con quienes es imposible  garantizar acuerdo alguno.

 

El derecho a comerciar con Cuba es otro lío, por la insolvencia de su economía destruida, la ausencia de mecanismos legales y el mismo hábito de incumplir arbitrariamente que hace imposibles los negocios.

 

Es el colmo confiscarle los bienes a los americanos, hacerles la guerra por 50 años y ahora que le deben lo confiscado y tienen una deuda astronómica con todo el mundo, exigirles créditos como parte del levantamiento del “bloqueo” ¡Que EE.UU. subvencionen el comunismo antiamericano!

 

En algunas películas aparecen unos héroes, psicólogos, negociadores de crisis de rehenes. Son los profesionales que debe emplear el gobierno estadounidense para negociar con los amos de Cuba, secuestrada desde 1959, es una crisis de rehenes torpemente tratada.

 

La ONU, otra reliquia inoperante, es quien debiera tomar medidas para acabar con la dictadura cubana, pero se convirtió en una “Internacional”  de los dictadores: —“Violadores de los derechos humanos del mundo ¡uníos! —”.

 

Los informes sobre Cuba de la UNICEF, la OMS y la FAO son tan pero tan favorables que o quienes los escriben son tontos o, lo más creíble, son picaros.

 

No veo como zafar este nudo en el zapato y sin tener la solución y aunque tirios y troyanos lluevan palos sobre mí, deseo opinar que en Cuba no habrá reformas y EE.UU.  necesita reformarse respecto a Cuba:

 

¿Cómo prohibirle al hijo en EE.UU.  que venga a visitar a la madre anciana en Cuba?, no es justo.

 

¿Cómo impedirle a otro que venga a ostentar cadenas de oro alquiladas y fingirse rico?, es imposible. ?

 

¿Cómo negarle ayuda económica a la familia en la miseria?, aunque de esa ayuda vive la Dictadura.

 

Ya intentaron, y me parece positivo, un límite que permita el socorro a la familia sin derroches, y exigirle a la dictadura que quite esas extorsiones que inventa como los peajes de la Edad Media para saquear a los viajeros pero. . .  ¿Cómo legislar leyes en un país con leyes para que sean cumplidas en el caos ilegal de Cuba? ¿Cómo reclamar derechos para ejercerlos en país sin derechos?

 

Me gustaría una plena libertad de viajar los ciudadanos de EE.UU.  a Cuba subordinada a que los parientes  de Cuba les costeen el viaje y la estancia con el peso cubano, con el dinero de sus salarios en Cuba, una sola moneda y una absoluta libertad de comercio  a pagar (como tienen que pagar los malos pagadores) dinero en mano, ¡y dinero cubano!, el crédito seria irracional. Pero… ¿Cómo impedir el lavado de dinero?

 

Si EE.UU. lograra dar un valor al peso, obligaría al gobierno cubano a dejarse de victimismos y ser rentable como dice querer el general Raúl Castro, a que el peso, el salario sea dinero y no papel pintado. Pero, ¿no es pedir un imposible que además ni siquiera quiere la cúpula en el poder?

 

Y propongo acabar con el cuento de nunca jamás de la emigración: Puesto que EE.UU.  no puede recibir a millones de cubanos, que les quite esa falsa ilusión que los mantiene pasivos bajo la Dictadura: ¡que se acabe la emigración de cubanos a EE.UU!

 

Con excepción de perseguidos políticos tan verdaderos que no tengan inconveniente en permanecer varios años en la base militar de Guantánamo. A quienes no lo quieran en nombre de la reunificación familiar, que se les negocie regresar a vivir en Cuba.


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