domingo, 6 de junio de 2010

Como Monseñor Jaime Ortega ataca a Openheimer sin defenderse

por Jaime Leygonier

Periodista Independiente

 

19 de mayo del 2010

 

La Habana. La revista del Arzobispado de La Habana, en su página de Internet vedada a los cubanos, “respondió” “(¡??!)” al artículo de Openheimer “El cardenal timorato”: El Cardenal Ortega imposibilitado de defender sus acciones y omisiones, afirma que Openheimer lo ataca maliciosamente.

 

La trampa es sencilla y calca el esquema propagandístico comunista, “la batalla de ideas” y su “mesa redonda”:

 

1) Los que escriben desde el extranjero no son dignos de crédito por ignorantes de la realidad cubana u obrar con fines arteros, “sin ética, sin miramientos, sin pudor”, escriben mentiras para complacer a un público (son el enemigo imperialista).

 

2) Los que hace años escribimos desde Cuba sobre la realidad nacional, incluida la de la Iglesia y su posición favorable a la dictadura, contraria a la posición de la Iglesia en el resto del mundo, estamos aun mas desautorizados, ni siquiera existimos (grupúsculos de enemigos internos, mercenarios).

 

3) Los extranjeros ignorantes que nos consultan a quienes vivimos en Cuba, fuentes tan ignorantes como ignoradas, critican a Monseñor por mala fe, y la prueba es que no lo consultaron a él por teléfono para que explicara el concepto “violencia” que no necesita explicación.

 

(Sr. Openheimer, no bote su dinero en la llamada, que a quienes aquí  en Cuba les escribimos a Monseñor, al Nuncio, y hasta al Papa a través del Nuncio, no nos responden las cartas, como seria  “…/más ético y periodísticamente correcto/…” Y que le respondan a Ud. es una muestra más de la discriminación al cubano en su propia Patria y de como la propaganda se orienta al extranjero).

 

La otra grave prueba del prejuicio de Openheimer es que Monseñor no le “despierta mayor admiración”.

 

 Y si no le gustó algo tan inocente como que condenara como “violencia mediática” a la denuncia de los crímenes, no es pa' tanto, en el Arzobispado tenemos un excelente diccionario de sinónimos, violencia no es violencia sino otra docena de cosas más, menos violentas (!!!).

 

4) Cuestiona que otros clérigos consideren a Monseñor Jaime “un freno en los esfuerzos de defender más vigorosamente las libertades fundamentales”, aunque “…/ ¿Es posible que existan tales figuras eclesiásticas? Tal vez. No lo afirmo, no lo niego/… cléricus, cléricus lupus” (más disidentes malvados).

 

5) Monseñor sí ha declarado sobre problemas sociales. Y si lo que dijo parece poco, atrasado en fecha y oportunidad, a remolque de los acontecimientos o de calidad e intenciones  ambiguas como su lenguaje, sepa que usted no sabe que algún dia se sabrá todo lo bueno que ha dicho y hecho en secreto. Cállese y espere en vez de criticar (cero trasparencia, voto de confianza al líder).

 

 

Openheimer no sólo no se informó con las fuentes correctas (es decir, Monseñor Jaime) sino que viola sus lecciones de periodismo y ni se leyó las mil páginas de “tajantes” pronunciamientos sociales del  libro “Te basta mi Gracia”: mensajes de Monseñor Ortega. (Apuesto a que sí lo leyó y por eso mismo Monseñor no le “despierta admiración” - y  que el vocero cuanta con que el público no lo lea).

 

El único autorizado a informar sobre la iglesia es el propio criticado, por boca de su vocero, jamás el resto de los cubanos carentes de objetividad (los “canales correspondientes”, la crítica “constructiva en el lugar y en el momento correctos”).

 

Lo que digamos “es mentira” (como desmintieron a los que denunciaban los crímenes de Stalin y de Mao). Y como entendemos inmoral el minué oratorio mientras matan y torturan gente, la Iglesia  que declara desear “las mejores relaciones con el Gobierno” y el “dialogo”, se niega a dialogar con nosotros.

 

Sin más remedio, reconoce que existe “un cubano en huelga de hambre” que se llama Guillermo Fariñas, no le responde su pregunta: ¿por qué Monseñor y su Iglesia mandan a orar por Fidel Castro y no dieron misa por el alma de Orlando Zapata Tamayo, asesinado en huelga de hambre?

 

Más cómodo es, sin gastar palabra, con comillas y signos de interrogación, descartar lo que Fariñas declara: Que los obispos temen que el Gobierno los prive de las prebendas que les otorgó. –Hace años escribo sobre esos mecanismos de control del Estado sobre las iglesias–:

 

En el extranjero parecerán pobres las condiciones de vida del clero en Cuba, pero aquí gozan de los pequeños-enormes privilegios otorgados a los funcionarios estatales: Viajar –imposible sin el permiso de la Seguridad del Estado. Tener automóviles con placas de funcionario estatal y la correspondiente asignación de gasolina.

Permisos y materiales para construir, manejar donaciones extranjeras de dinero y efectos para obras constructivas y caritativas, etc. compras de equipos y alimentarse como no pueden los cubanos; las donaciones las controla el Estado y sin ellas la Iglesia no podría hacer su labor– O la haría en la pobreza de la iglesia de Hechos de los apóstoles.

 

Y el peligro constante de que retiren el permiso de estancia en Cuba a religiosos extranjeros, el de  que metan presos a los curas y el de campañas de prensa contra la Iglesia.

 

El empleado del palacio arzobispal –que parece embajada extranjera– que desmienta que existen prebendas estatales sin las cuales sería imposible ese oasis climatizado tan ajeno a las condiciones del resto del pueblo, sí merece una avalancha de signos de interrogación y admiración.

 

Tras  “demostrar” fácil, con el sólido argumento de “porque si”, que Openheimer y todos mienten, resulta titánico presentar a Monseñor como defensor del pueblo. Repite “porque si” y contando con la ignorancia del público,  gradúa de valerosos rugidos los maullidos sociales de Monseñor.

 

Me uno entusiásticamente a la demanda del vocero de que lean el libro de Monseñor, que hasta el vocero califica de “ladrillo”, que es como en Cuba llamamos a los libros indigestos por pedantes.

 

Que el público compare ese macramé cantinflesco con las declaraciones sociales de obispos de cualquier otro país. ¿Cómo negar que son declaraciones “tímidas”?  Aunque útiles en un momento de los 90 (momento que pasó) sin llegar más allá de coquetear con el tema social.

Monseñor declara “cíclicamente”, sin con ello defender al pueblo, y sin acciones que validen sus palabras. No ya denunciar las violaciones de los derechos humanos, como hace la Iglesia de otros países, le bastaría orar públicamente por los presos en peligro para protegerlos. Se niega.

 

La Iglesia apoya el silencio gubernamental: No oró por el alma de Zapata, y tampoco por los pacientes muertos en masa en el mayor hospital psiquiátrico del país por hambre, maltratos y frio; también silencia la labor social de la Iglesia católica en otros países, cuya comparación demuestra mejor que las declaraciones y teorías cuán corta y falta queda la labor de la Iglesia en Cuba.

 

El vocero de Monseñor lo calumnia al decir que se pronunció “…/sobre los derechos humanos/…”  Leo sus “ladrillos” (cito al vocero) y estuve presente en homilía en que el Cardenal  habló con menosprecio de los derechos humanos contraponiéndolos como engañosos a “los derechos de la persona humana” que no explicó –salvo que incluyen el derecho a la vida de los fetos.

 

Sobre la indignación con la frase de que Monseñor “despierta poca admiración”… La Historia está llena de hombres de pocas luces, enanos dentro de un cargo enorme, pésimos políticos, pero salvados de la mediocridad por alguna virtud.

 

No hay que ser talentoso para brillar por la franqueza, el coraje, la honradez o el sacrificio viril por los pobres; lo hicieron en Cuba Estrada Palma, Bartolomé  Masó, Federico Capdevila, Nicolás Estébanez, el beato Alayo y en España el beato mártir José López Piteira.

 

Sobre posibles motivos para admirar a Monseñor, su vocero calla…y otorga. No hay que culparlo si tampoco lo admira.

 

Hagan una encuesta: Ruego a los lectores que sienten admiración por monseñor Jaime Ortega Alamino que lo informen públicamente  y  digan por qué. Y se lo comuniquen a la dirección de la revista del Arzobispado de La Habana, Email: palabranueva@arzhabana.co.cu

                                                           

“Dios ciega a quien quiere perder”; a quienes se creen astutos y usan su Nombre; Openheimer, insultado como mentiroso, periodista –chatarra, desafiado a demostrar sus afirmaciones, responderá y Monseñor quedará peor que Silvio Rodríguez bajo las suelas de Montaner.

 

La gente muere en Cuba, la matan, la torturan, ¡aumentará!, no es tiempo para en nombre del Evangelio ser instrumento de la Dictadura, ni jugar con tanto sufrimiento en oratoria vacía que confunde y prolonga el mal.  No hay que ser profeta para saber que viene juicio de Dios sobre los hartos y los tibios que especulan con esa miseria. A nadie engañan sino a sí mismos.

 

Estaremos en el mismo bote cuando al pueblo se le acabe el arroz y la paciencia; el aire acondicionado no salvará a persona ni a su casta, así que procuren ¡por egoísmo! salvar a la Nación y, si no, no finjan poses, respétense y respeten a quienes cumplimos el deber patrio.


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