domingo, 14 de marzo de 2010

Tierra de nadie

por José Alberto Álvarez Bravo

Periodista Independiente

 

8 de Marzo del 2010

 

 
Para muchos extranjeros, Cuba es Varadero, Tropicana, sol y son, maracas y mulatas, cuba libre y daiquirí.  Estos son elementos reales de nuestra nación, pero no los únicos; la realidad real conoce otros dominios (y demonios).

 

Existe también la Cuba de las exclusiones (y persecuciones) por motivos de opinión política; de la segregación racial solapada, de difícil demostración; del abuso de poder del estado sobre la indefensa ciudadanía; del irrespeto gubernamental a las obligaciones legales contraídas hasta en su propia legislación; en fin, la Cuba de las fronteras, en una isla que nunca las había conocido.

 

Nuestro verde caimán, convertido en feudo privado por los malos designios de los hermanos Castro, hoy sabe de fronteras físicas y mentales, que delimitan territorios y hombres.

 

Una de las fronteras físicas más visible y representativa, es la que rodea a la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana. Sin estar debidamente autorizado, a ningún mortal le está permitido caminar por la acera aledaña al edificio donde radica la SINA. Esta acera, permanentemente custodiada por uniformados, es una tierra de nadie. No pertenece a la SINA, ni tampoco al pueblo cubano. Para poder transitar por esta angosta franja de cemento es imprescindible estar registrado en una lista oficial,  circunstancia de muy difícil comprensión para los no iniciados.

 

El punto de acceso a este espacio físico es una pequeña “garita”, situada en un ángulo inmediato a la cerca perimetral que rodea al edificio, en la esquina de Calzada y L.

 

Algunos cambios observados últimamente en la garita sirven —o pudieran servir— como medidores de la situación general del régimen cubano. Una interpretación de estos cambios pudiera conducirnos a la hipótesis de que el régimen es consciente de su irremediable debilidad.

 

El primer cambio que me llamó la atención, fue el que tapizaran los ventanales de cristal con el símbolo del patrioterismo oficialista. Léase: la versión en corruptible papel de nuestra secuestrada enseña nacional, protagonista de las deleznables y forzadas “marchas del pueblo combatiente” y otros actos pro-castristas.

 

El otro elemento novedoso es la colocación, en el interior de la garita, de un letrero que dice: Viva el 51 aniversario del Triunfo de la Revolución.

 

Sobre el significado de la colocación de este letrero hay mucha tela por donde cortar. Pudiera tener una interpretación por cada analista. Incluso varias interpretaciones por analista.

 

Una de mis interpretaciones pudiera ser que los funcionarios que laboran en la garita, —sin dudas oficiales de la policía política— necesiten un permanente recordatorio de que el castrismo todavía existe, o al menos que todavía la historia no lo ha enterrado. El incesante y cotidiano desfile de cubanos frente a esta garita, procurando abandonar cuanto antes el paraíso del proletariado, puede poner en crisis las convicciones de los segurosos que hacen las veces de guardafronteras.

 

Uno de estos sujetos parece atrincherarse en su numantina posición tratando con evidente repulsa a los disidentes que, por distintas razones, —sobre todo por el acceso a Internet— acudimos a la SINA.

 

Otra interpretación pudiera ser que el alto mando les haya impuesto el letrero, para que funcione como la orwelliana telepantalla magistralmente descrita en 1984.

 

El diapasón de interpretaciones queda abierto a la imaginación de todo el que mire la garita, situada en esta peculiar tierra de nadie.


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