martes, 30 de marzo de 2010

Testimonio de una marcha

por Dania Virgen García

Periodista Independiente

 

26 de Marzo del 2010

 

Terminaron los siete días de actividades por el séptimo aniversario de la Primavera Negra de 2003, aquella oleada represiva que llevó a las cárceles a 75 luchadores por los derechos humanos en Cuba.

 

Las Damas de Blanco, Familiares y Damas de Apoyo concluyeron el domingo pasado la reciente semana de marchas por La Habana, reclamando la libertad de los presos de conciencia, que consumaron siete años en las mazmorras del gobierno castrista.

 

Por cada día se rememoró un año de lucha para estos presos políticos, que cargan su inocencia bajo el yugo dictador, aunque siguen luchando y defendiendo los ideales democráticos.

 

Me integré a estas mujeres que portaban flores y pedían la libertad de los 53 presos que aún permanecen tras las rejas. Fuimos objeto de amenazas y violencias por parte de la policía y la Seguridad del Estado, pero continuamos el programa hasta el final, demostrándole al mundo que la lucha por la democracia en Cuba comienza por la libertad de expresión y la liberación de los prisioneros pacíficos que reclaman los derechos del pueblo.

 

Junto a las Damas de Blanco estaba Reina Luisa Tamayo, madre de Orlando Zapata, quien murió después de una huelga de hambre de 86 días. La hermana del mártir y decenas de mujeres vinculadas a los grupos opositores asistimos también a una Iglesia cada día y luego a entidades estatales en reclamo de las demandas libertarias.

 

En las dos primeras iglesias las Damas y sus acompañantes no pudimos recibir la misa por la ausencia bajo presión del párroco. Entre los templos católicos que oficiaron está la Iglesia de Santa Bárbara, en Párraga, donde el miércoles fuimos invadidas por los partidarios del gobierno, con golpes y empujones. Sin embargo, algunos ciudadanos de a pie fueron empujados por defendernos de los agentes de la Seguridad del Estado, mientras entregábamos lápices y bolígrafos con las insignias de los Derechos Humanos, muy bien recibidos a pesar de los gendarmes, ávidos por arrebatar lo entregado. Llegaron al extremo de traer ómnibus con personal escogidos para reprimir.

 

Hubo ciudadanos que nos escribieron cartas anónimas expresando la solidaridad ante los desmanes policiales. Escuchamos comentarios de admiración en las calles de la Habana y Miramar, lo cual demuestra que no todos se suman al miedo y la indolencia.

 

El domingo 21, al salir de la Iglesia Santa Rita de Casia, avanzamos por la Quinta Avenida hasta la Asamblea Nacional. Allí gritamos nuestras demandas de libertad en medio del asombro de policías y ciudadanos desinformados. 


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