lunes, 8 de marzo de 2010

No puedo

por José Alberto Álvarez Bravo

Periodista Independiente

 

1 de Marzo del 2010

 

Un hermano exiliado nos ha enviado, a varios periodistas independientes, un texto. Todo parece indicar que es para que, al conocerlo, podamos redargüirlo, pero, obviamente, dentro de los cánones del periodismo puro, —vale decir, esa fina línea que divide la literatura del panfleto— y no estoy apto. No puedo.

 

El texto en cuestión es de la autoría de un tal Enrique Otto Ubieta Meruelos. Alguien que, en uso del libre albedrío, dedica su tiempo y su probado intelecto a justificar y apoyar a la dinastía Castro. No lo censuro, pues cada quien carga con sus virtudes. O sus ignominias.

 

Tampoco el personajillo es el primero de su especie. Todas las dictaduras han contado con sujetos de esa calaña. A las peores causas no les han faltado apologistas. La historia es pródiga en ejemplos.

 

El propio Fidel lo enuncia en La Historia me Absolverá: “En todo grupo humano hay hombres peores que las fieras”, y peores que las fieras son los asesinos y torturadores de nuestro Orlando, con los hermanos Castro al frente. A fin de cuentas, ellos dos, —o tal vez sobre todo Raúl— son los asesinos indirectos en este incalificable crimen.

 

Opino que no solo ellos, claro está. Una elevada dosis de responsabilidad recae sobre quienes han aprobado esta execrable y cobarde acción de la gerontocracia asesina. O no les han alcanzado los pantalones para censurarla.

 

También lo comprendo. Quienes no tienen en sus venas la sangre de los bravos —como nuestros inolvidables Roberto López Chávez, Pedro Luis Boitel, y ahora Orlando Zapata Tamayo— ceban su rastrera indignidad denigrando a quienes los empequeñecen.

 

Es preciso agregar que estas alimañas, en su infinita cobardía, miden muy bien de qué lado están “las bagatelas miserables del interés y la comodidad”: la “javita” y la “estimulación en divisas”.

 

Saben —son muy inteligentes— que en el bando del honor solo se pueden esperar represiones, torturas, privaciones, asesinatos. Y para enfrentar —o estar dispuesto en cualquier momento— estas expectativas, hay que ser hombre, genéricamente hablando. Porque a Reina Luisa Tamayo le sobra el valor que nunca han conocido estas sabandijas.

 

Quien calla ante la comisión de un crimen es también un criminal, pero para quien denigra a la víctima no conozco la palabra adecuada. Que alguien, por favor, me ayude a encontrarla.

 

Continuar hablando de nuestro hermano muerto intensifica mi dolor. Continuar hablando de sus cobardes asesinos y de sus incalificables alabarderos, me da nauseas.


Imprimir Pagina Sphere: Related Content

No hay comentarios.: