por Carlos Serpa Maceira
Periodista Independiente
El Guayacán Cubano
Director de la Unión de Periodistas Libres de Cuba
26 de marzo, 2010
La Habana. Fui testigo ocular de la violenta represión contra las Damas de Blanco, por las fuerzas de seguridad y las turbas paramilitares, en la barriada de Párraga, en la Ciudad de Habana durante la Jornada por el 7mo aniversario de la Primavera Negra del 2003. Allí fui golpeado, recibiendo una herida en la nuca, rompieron mi cámara.
Lo sucedido me hizo recordar como las turbas organizadas y dirigidas por el Gobierno en la ciudad de Cárdenas, en la costa norte de la provincia de Matanzas, lugar de donde soy oriundo agredían a los vecinos que habían decidido abandonar Cuba hacia los Estados Unidos, por el puerto del Mariel en 1980.
Siendo un joven de 17 años en aquel momento, vi a un hombre que era golpeado, e introducido en un deposito de basura, mientras que los participantes del acto de repudio coreaban las consignas “Pin Pon Fuera Abajo la Gusanera”, “Que se vayan”, “Fidel seguro a los yanquis dale duro”.
Cuando aquello no entendía la realidad de tales hechos, ni el porque de tales ataques contra los cubanos que querían irse del país. Han transcurrido 29 años de esas escenas que terminaron marcándome a mí.
Una mañana me levante con la noticia que San Martin, conocido popularmente como Chucho, en la calle Calvo entre Coronel Verdugo e Industria, en la localidad cardenense, por el cual yo sentía respeto y admiración, había abandonado Cuba como parte del éxodo del Mariel, ante las amenazas de la policía de enviarlo a prisión con una condena de 4 años de privación de libertad, bajo el cargo de Peligrosidad Social, no he sabido nada de el en estos años.
La Habana ha continuado con las mismas tácticas, utilizando a las turbas paramilitares disfrazadas de pueblo, al estilo del Mariel.
Del 15 al 21 de marzo, en ocasión de los 7 años de encierro de 75 opositores y periodistas independientes, se vio a las turbas sembrando el odio entre cubanos, gritando a todo pulmón improperios y consignas, contra las Damas de Blanco, “Mercenarias”, “Esta calles es de Fidel”.
No existe el pueblo enardecido, como ha querido mostrar el régimen ante la opinión pública nacional e internacional quedando demostrada la abierta complicidad de la Prensa Oficial en estos desmanes.
Esos excesos demuestran la desesperación del Gobierno Cubano ante el clamor de libertad. El miedo asoma en las puertas de la nomenclatura, que recurre a la fuerza y el terror.
Vale recordar lo sentenciado por el Apóstol José Martí, “Asesino alevoso, ingrato a Dios, y enemigo de los hombres, es el que so pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les enseña un cumulo aislado y absoluto de doctrinas, y les predica al odio, antes que la dulce platica de amor”.
Es un crimen actuar por la fuerza contra personas inocentes que promueven la libertad y el respeto a los derechos humanos. Miremos a las Damas de Blanco, a los presos políticos, al cubano de a pie, a Cuba que con valentía y honor, se debate en la lucha por la libertad y la verdad.
Ya lo dijo el prócer de la independencia de los Estados Unidos, George Washington, “La libertad, cuando empieza a sembrar raíces, se convierte en una planta de rápido crecer”.
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