lunes, 8 de marzo de 2010

La amarga historia de Dulce

por José Alberto Álvarez Bravo

Periodista Independiente

 

2 de Marzo del 2010

 

Llena de ilusiones, -como corresponde a esa hermosa edad en que todo es risueño, cándido, desaprensivo—Dulce Esther Bonet Zúñiga contrajo matrimonio con Edel Lachataignerais, pero después de los hijos y las desavenencias sus vidas tomaron cauces diferentes.

 

Dulce Esther (Mapi) reinició su vida matrimonial junto a William González Moreno, con quien comparte vicisitudes desde hace diecisiete años. Un mal giro de la fortuna le deparó a William un carcinoma basal, por el que le fue extirpado el ojo izquierdo, encontrándose en la actualidad en fase metástasis.

 

Tal vez alguna promesa olvidada, o un avemaría rezado sin convicción, lo cierto es que a Mapi la vida se le ha complicado hasta la desesperación. Los tiempos en que podía vivir sin preocupaciones han pasado a formar un retablo de nostálgicos recuerdos. La desgracia ha decidido cebarse en su diminuto cuerpo.

Su hija Edelbis, miembro de la Misión Médica Cubana en Venezuela, se casó con un venezolano, radicándose luego en Texas, Estados Unidos, donde vive junto a sus pequeñas hijas Eva y Anna. La Dra. Edelbis era el sostén de Mapi y William, y los 5,000 CUC  acumulados en su cuenta en el Banco Central de Cuba significaban la garantía de una vejez sin demasiados sobresaltos para éstos. Era el sostén, pero su deserción decretó la inmediata incautación de su cuenta.

 

A la agobiante situación de atender a William en el Oncológico de La Habana, residiendo en una intrincada zona rural de la provincia de Holguín, se sumó la destrucción de su vivienda rústica (piso de tierra, paredes de yagua y techo de yarey) el 8 de septiembre de 2008, al paso del huracán Ike. Cual si de una diplomática injerencista se tratara, Mapi cuenta haber sido declarada por los dirigentes de la zona en que reside como “persona non grata”. A partir de este status, le han negado en la práctica todo tipo de ayuda humanitaria. Solo les han vendido un kilogramo de puntillas y seis palmas derribadas, a veinticinco pesos cada una, para ser elaboradas por ellos mismos, sin tener en cuenta que a William le quedan tan pocas energías como tiempo de vida.

 

Por su discapacidad laboral, William recibe una pensión estatal de 147 pesos, de los cuales les son descontados 24 mensuales, como amortización de su deuda, por los cacharros de cocina chinos recibidos de manera onerosa.

 

Mapi se queja de la corrupción de los dirigentes de su zona, quienes, según ella, venden los recursos asignados como ayuda a los damnificados por los desastres naturales.

 

Viviendo en La Habana en un cuartico alquilado —2 CUC diarios— para atender a su esposo enfermo, Mapi realiza cuanto trabajo consigue para cumplir el alquiler y sustentarse. Alega no haber recibido ayuda de las varias iglesias a que ha acudido, a pesar de que su situación es más desesperada cada día.

En sus actuales condiciones, el nombre de Mapi Dulce— a lo que más se parece es a un cruel sarcasmo.


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