lunes, 18 de enero de 2010

El terremoto de Haití, en Santiago de Cuba, es una tragedia avisada

por Evelyn Ramos Lahera
Periodista Independiente
Agencia de Prensa Libre Oriental


15 de enero, 2010



Santiago de Cuba. El terremoto de Haití, en Santiago de Cuba, es una tragedia avisada. Una zona sísmica por naturaleza, largos períodos sin sismos de gran envergadura y una infraestructura habitacional proclive a un gran desastre. Las viviendas construidas por medios propios no cumplen los más mínimos requisitos de un Código de construcción y según cifra oficiales, 420 edificios entre el Distrito José Martí y en otros lugares, están en pésimo estado. O sea, el 43 % de las viviendas están consideradas entre mal y regular estados. Sin contar la ubicación de muchas edificaciones, que serían la primeras víctimas de un terremoto de significativa magnitud. La ciudad de Santiago de Cuba tiene una población aproximada de más de 500 mil habitantes.


El fenómeno constructivo de las viviendas en Santiago de Cuba hay que verlo en el contexto de su propio desarrollo. La prohibición expedita de las autoridades de que no se construyeran viviendas en los terrenos aledaños a la ciudad y la presión social por construirlas, obligó a los ciudadanos a utilizar los terrenos más impropios, donde después de largas batallas de resistencia y desobediencia, que sobrepasaron los continuos desalojos y demolición de sus improvisadas viviendas, lograron establecerse esos asentamientos.

Los más relevantes se establecieron en Caballo Blanco, una de las elevaciones más prominentes de la ciudad de Santiago de Cuba, también se conoce como Alturas de Chicharrones, los repartos VAN-VAN y Venceremos, en alusión a la intención de fuerza a radicarse allí. La no venta oficial de materiales de construcción obligó a estos moradores a fabricar sus casas con materiales de desecho o sustraídos de las obras estatales, lo que les impedía muchas veces utilizar los materiales adecuados bajo especificaciones técnicas o en las proporciones requeridas, como es el caso del cemento.


La infraestructura santiaguera es vulnerable por muchas razones, el hospital conocido como el Clínico-Quirúrgico, ubicado en la carretera del Caney, tuvo problemas arquitectónicos desde su construcción, incluso un modulo se hundió durante la fase constructiva, los edificios de becas, en los Altos de Quintero, el motel Rancho Club y los hoteles Balcón de Caribe y San Pedro del Mar, por su posición no resistirían un movimiento telúrico de gran intensidad, según la escala de Richter.


A todo esto hay que sumarle la concentración poblacional, solamente en los 384 edificios del centro urbano José Martí y que se reportan en mal estado, hoy cuenta con más de 100 000 habitantes. La mayoría de estos edificios fueron construidos en la década de los 60, por lo que su estado es prácticamente ruinoso, con grandes filtraciones que han deteriorado de estructura.


En el casco histórico es similar la concentración y el deterioro de las viviendas, el pasado 11 de enero se desplomó una pared en la calle Los Maceos entre Gallo y Jobito, que cobró la vida de Nuria Vera Pérez y José Alain Bustamante Vera, de 16 años, madre e hijo respectivamente.


Otro factor de riesgo que se debe tener en cuenta es la cantidad de túneles populares que se construyeron en la década de los 90, muchos de ellos en lugares que comprometen las edificaciones circundantes. El que se encuentra en Escario y Pizarro, cerca de la Plaza de Marte afecta directamente la Clínica de los Ángeles, cuyo edificio aún conserva grietas de temblores anteriores y otro que podría traer graves consecuencias es el que se construyó en Capitán Cuevas, entre 18 y 20, en el reparto Dessy, por estar por debajo de una elevación intensamente poblada.


Sin embargo, con todos estos antecedentes, jamás las autoridades han diseñado un plan de emergencia ante esta posible catástrofe. Ni siquiera se ha dictado un plan de medidas, para que la población pueda actuar de forma preventiva ante indicios de temblores. Nunca se ha hecho un ensayo para preparar a la población para terremotos, como si se ha hecho en varias ocasiones para enfrentar una invasión norteamericana, que jamás ha tenido una posibilidad real de realizarse.


Ante esta grave situación, los representantes del Municipio de Oposición están conformando un plan de medidas, para repartir entre la población. Muchas de ellas tomadas de las existentes en otros países de alto riesgo sísmico y de profesionales locales, que están colaborando con esta iniciativa, debido a la importancia de las mismas. Esperemos, que se tome conciencia de esta triste posibilidad y se evite, invirtiendo hoy, mucho menos de lo que costaría enfrentar un desastre de tal magnitud.

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