domingo, 29 de noviembre de 2009

Pánfilo y sus últimas imágenes

por el Dr. Sinué Escolarte


20 de Noviembre del 2009

Si comparamos lo que está ocurriendo en Cuba con la educación social y la involución sin frenos que tristemente se percibe generalizada, se hace obligado remontarnos a cuando muchas de las actuales conductas eran controladas por el respeto y la autoridad que poseían "las personas mayores", con frecuencia, limitados en su escolaridad y cultura.

El paso arrasador y destructivo de la revolución, fue carcomiendo desde los inicios el respeto a las canas, llevándolos al olvido, la insignificancia, el trabajo informal y la ilegalidad para subsistir, hasta hacer desaparecer desmoralizándolas, las fuerzas que detenían la ola de vulgaridad que hoy nos baña, comportándose como un tsunami y con su corriente inducir, nos ha situado en lo que somos: el hombre nuevo, una fábrica de prosaicos.


Si bien es cierto que el desarrollo tiende a eliminar barreras, supersticiones y prejuicios, también es verdad que como proceso natural, lo hace paulatinamente, para conseguir una lógica adaptación en los cambios.


El proyecto socialista inventado en Cuba, en su enfermizo afán de modificar para borrar el pasado y reducir, reconstruyéndolo a su conveniencia, facilito, acelero, e implanto, nuevos estilos de proyección alguno de los cuales estaban reprimidos, o eran absolutamente rechazados por nuestros abuelos.


Aquellas frecuentes reuniones, manifestaciones de apoyo y protesta, mítines y discursos que aparentemente entusiastas y explosivos, en franca posición de agresividad, se insertaron en la vida pública como un elemento más, hundiéndonos en el abismo confundidor de la muchedumbre, se acompañaba obligadamente de demonizantés consignas y frases inapropiadas con las que se pretendía minimizar la imagen de los que pensaran diferentes y lo expresaran, presuntos enemigos a los que debíamos odiar y destruir sin importar el lazo sanguíneo o de amistad. Teníamos que ofenderlos con el máximo de la energía y deseo, para beneplácito de la turba que se erguía ponderosa, apoyada por el estado triunfante y sus fuerzas militares, dueña absoluta de su lenguaje.

Empezamos por gritarles gusanos, escorias, vendepatria o traidores, para continuar, asimilando orgullosos, muchas de las palabras que con tanta naturalidad le escuchamos a Pánfilo en el programa “A Mano Limpia” y terminábamos mentándole la madre al presidente de Los Estados Unidos o comparando a Batista con un Burro, impulsados por el embullo contagioso de la manada. No resulta extraño que con la inmovilidad, la imposición y la represión sufrida llegáramos a lo que somos en la actualidad.


Son pocos los que se sorprenden en Cuba al escuchar “malas palabras” y nadie reprocha o reprime al que las lanza, pudiendo provenir de cualquier sexo, contra oídos ajenos, a veces en presencia de niños que se apropian de ellas para continuar la tradición, mientras las autoridades de servicio se hace los sordos o lo aceptan como normal.


Es imposible para el gentío entender que por ese camino, su destino es la inevitable e irracional mediocridad, amparada por la liberación de expresiones que deforman bruscamente hasta sustituir, el vocabulario y la conducta social, llevándolos hasta lo que hoy apreciamos impotentes: chabacanería y obscenidad sin límites.


Cuando el inevitable cambio político se acabe de concretar, será esta una de las tareas más difíciles de revertir dentro de la verdadera democracia. Quedara una huella persistente de lo que se puede lograr cuando se intenta un proyecto socialista.


El hombre tiene dos maneras de pensar y responder: con el corazón, o con el cerebro, ambos bien definidos estructuralmente y expuestos en el libro La Inteligencia Emocional de Daniel Goleman. Pánfilo, como la gran mayoría de los cubanos tiene interrumpido el circuito nervioso que une las anatomías de las emociones con el razonamiento, ahogado por múltiples preocupaciones, frustraciones y problemas sin solución. El pensamiento emocional en cualquier circunstancia domina sobre el racional pero en condiciones de interferencia, más. Es por eso que Pánfilo, perdiendo el control de lo que sugiere o pregunta, se excede, instigado por los que lo filmaron que con evidente intenciones de lucro lo utilizaron, cuando en su deseo de exteriorizar, logro vencer el más antiguo de los sentimientos almacenado por el hombre en su amígdala: el miedo.


Es eso lo significativo de su discurso y, como existen infinidad de Pánfilos, pudiera ser el reflejo de un pueblo que reducido inmovilizado y confundido, no ha logrado sobrepasar el miedo, dejándose llevar por la inercia rutinaria e indiferente que lo envuelve en la pasividad.


Agredir o tomar medidas contra Pánfilo por lo que manifestó, es una crueldad no solo por que la causa de su descontrol surge de la situación que lo rodea y aplasta dentro de un intento político que es un absoluto fracaso y para el cual seguramente, aporto parte de su esfuerzo y de su vida quedando finalmente enfermo y frustrado, sino porque demostraría, hasta donde es capaz el régimen de hacer uso implacable de su poder.


Reírnos de lo que dice Pánfilo es condenarlo, es empujarlo hacia el uso de la arbitrariedad por parte de quienes lo tienen entre ceja y ceja y sumarnos a la vertiente de su mal decir. Si no fuera por la inapropiada manera de expresarse con lo que se diluye en el interior de la multitud, su valiente mensaje de haber vencido el miedo pudiera ser una luz hacia la libertad.

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