lunes, 30 de noviembre de 2009

Logros de la gastronomía socialista

Fotos y escrito por José Alberto Álvarez Bravo

27 de Noviembre del 2009



En la esquina más céntrica del poblado costero de Jaimanitas, al noroeste de la ciudad de La Habana, está situada la Cafetería Minales, perteneciente a la estatal Empresa de Comercio y Gastronomía, adscrita a su vez al Consejo de la Administración Popular.

Como se aprecia en la fotografía de la derecha, el 11 de noviembre de 2009, a las 18:00 horas, el establecimiento no ofrece ni un solo producto gastronómico -ni de otro tipo- en su tabilla anunciadora.

La oferta especial de Minales

La única mercancía disponible en una “cafetería” que jamás vende café, son paquetes de cigarrillos negros, a siete pesos “moneda nacional” (el CUC no es extranjero). Al inquirir por la oferta del centro gastronómico, la más joven de las empleadas me informó que la mercancía eran ellas, en una clara alusión a la versatilidad de los servicios que prestan a quienes posean solvencia económica.

Mi próximo intento fue fotografiar la inútil caja registradora, sobre la que yacía, en poses de cabal desidia, el grupo de paquetes de cigarrillos. A este sencillo trámite se opuso la más activa de las empleadas, al saber que las fotos irían a ese temible y proceloso lugar llamado Internet.


¿A Internet?, ¡¡¡ni soñarlo!!!

Los salarios de estas sui generis empleadas no están en correspondencia con la cuantía ni la calidad de su principal servicio, sino de una rígida escala salarial establecida en una distante oficina climatizada. Si las ganancias obtenidas por el establecimiento no alcanzan a cubrir sus magros salarios, no es posible entender sobre qué bases se sustentaban aquellos esquivos planes de desarrollo con que la nueva clase hizo soñar a más de una generación de cubanos.

El 25 % de los habitantes de la isla recordamos –con más o menos nitidez, según la edad- el sudoroso vaso de agua fría colocado delante del cliente, el pulcro servicio sanitario, la sugerente frase (¿qué desea el caballero?) que fluía, del brazo de una sonrisa, de un atildado mozo cuya principal divisa era el fomento y consolidación de la clientela.

El colosal retroceso también en este vital servicio es admitido hasta por los más ortodoxos y acérrimos defensores del fracasado experimento socialista. Mal que les pese, es un hecho irrefutable.

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