domingo, 8 de noviembre de 2009

Jama para leones

por José Alberto Álvarez Bravo


2 de Noviembre del 2009


Alfredo Guilleuma

Conocido por antonomasia como el Rey de la Selva, –por majestuoso más que por feroz– el león africano es el indiscutido señor de la selva y la pradera. Punto culminante de la cadena alimentaria, a los herbívoros más desvalidos corresponde saciar su incontenible voracidad. En el medio silvestre, la naturaleza acondicionó su metabolismo a la ingestión exclusiva de carne fresca. El león no mata por ciega crueldad, sino sólo impelido por la simple necesidad de alimentarse para subsistir.


Ajenos a nuestra fauna, en Cuba sólo hay leones en los zoológicos, en el circo, y en el Paseo del Prado, éstos en forma estatuaria. Por razones obvias, los leones del Prado no necesitan alimentarse. Más bien, sirven de alimento a la boba ostentosidad de turistas ociosos, pues retratarse con ellos de fondo surte como constatación de su periplo habanero.


Los del Circo Nacional de Cuba, a pesar de la esforzada aplicación de tarugos y maromeros, no han logrado desterrar su atavismo carnívoro. Testigos presenciales cuentan que la empleomanía circense,


–que tampoco ha logrado renunciar a su ancestral costumbre de comer carne– suele disputarle a los recluidos felinos su menguada ración de caballo o de mulo, dejándoles a cambio zocatas porciones de congrí con viandas.


Los leones del zoológico, también por razones obvias, disponen de una dieta que incluye algo de carne muerta, adherida a grandes huesos de presas que no cazaron. Los años de cautiverio, más la inexorabilidad del ciclo vegetativo, le imponen el olvido de su ancestral hábito de matar para comer. Su permanente contacto con el hombre es otro de los factores que inciden en la disminución de su proverbial agresividad.


En este contexto, resulta subjetivo asumir que un hombre, aun dentro de la jaula, sería de inmediato devorado por estos apacibles objetos de la curiosidad humana. No obstante, no es nada alentador imaginarse encerrado junto a estos irascibles vecinos. Por este evento tan poco halagüeño transitó en días recientes Alfredo Guilleuma, conocido en los predios disidentes por “el viejo Alfredo”.


Cuenta que el pasado 29 de octubre, fue detenido por efectivos de la policía política en las inmediaciones del Parque Zoológico de la calle 26, en Nuevo Vedado. Después de haber sido introducido en un auto marca Lada, éste se encaminó a dicho zoológico, en la indeseada compañía de dos oficiales de la represiva. Una vez dentro del recinto, el que decía nombrarse Rubén le provocó al octogenario el mayor de los sustos que ha conocido.


“Los leones también se comen a los viejos”, fue su abusiva insinuación. El miedo no le impidió a este valiente anciano replicarle: “Y a los jóvenes también”. No ha de ser muy agradable la perspectiva de verse convertido en jama para leones, con independencia de la edad que tenga el presunto devorado.

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