domingo, 22 de noviembre de 2009

Sesionó en la Ciudad de la Habana La Convergencia Liberal Cubana


Convergencia Liberal Cubana

por Héctor Julio Cedeño Negrín

Periodista Independiente

Vocero de la Convergencia Liberal Cubana (CLC)


16 de Noviembre del 2009


La Convergencia Liberal Cubana (CLC) sesionó en los últimos días en la Ciudad de la Habana. Después de haber sido obstaculizada en recientes ocasiones, por la Policía Política de la dictadura, regente en Cuba.



Entre sus primeras acciones, la CLC saludo la liberación de Nelson Aguiar Ramírez, ‘Prisionero de Conciencia’ apresado por la dictadura de Fidel Castro, durante la llamada “Primavera Negra” de marzo de 2003, y condenado a la pena de 13 años de privación de libertad.


Nelson Aguiar Ramírez es Miembro de la Convergencia Liberal Cubana y Presidente del Partido Liberal Ortodoxo, una de las organizaciones integrantes de la CLC.


En la reunión se dio a conocer una carta escrita, cuando aun se encontraba en la prisión y sin esperanza, el mencionado dirigente liberal, esta carta será adoptada, como documento Oficial de dicha entidad, liberal.



A continuación transcribimos la carta recibida de Señor Nelson Aguiar Ramírez, cuando aun se encontraba en prisión y que ha sido adoptada por La Convergencia Liberal Cubana (CLC) como Documento Oficial.


PARTIDO LIBERAL ORTOXO.


Llamado a la conciencia de todos los cubanos.


Cuando el año 2009 casi llega a sus días finales, asistimos a diversos procesos de cambio a escala planetaria. La crisis económica golpea a todos por igual, el deshielo acelerado de los glaciales pretende modificar los mapas geográficos actuales y el encarecimiento de de los alimentos golpea a las naciones más pobres de nuestro planeta azul, mientras que la influenza AH1N1 no distingue entre distintos sectores poblacionales.


Son parte de variados factores, entre los que se encuentran los errores cometidos por la humanidad en su camino hacia el desarrollo y el progreso. No se puede olvidar que los humanos somos imperfectos, pero ello no significa rendirse ante nuevos retos que se presentan día a día por alcanzar un mundo mejor.


En la Declaración Universal de los Derechos Humanos; un documento revolucionario a punto de cumplir sesenta y un años y de la que Cuba fue parte en su confección y ratificación, dicha declaración fue ratificada por una gran mayoría de los países reconocidos como tal en el año 1948, exceptuando Arabia Saudita, República de Sudáfrica y la totalidad de los países comunistas.


Con esta declaración la comunidad internacional proclama que: “La Libertad, la Justicia y la Paz en el orbe tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.


Así mismo, la declaración establece como la más elemental aspiración “el advenimiento de un mundo en que los seres humanos sean liberados del terror y la miseria. Sesenta años después, la brecha entre retórica y realidad, debería provocar un examen de conciencia por parte de la comunidad internacional.


Las afirmaciones de que ‘todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona’ y de que ‘nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes’ acarrean tristes connotaciones hoy en día en diversas partes del mundo. Junto a esos abusos, hay datos estadísticos que hablan de la falta de protección de un gran número de derechos sociales y económicos.


Pero el hombre por encima de todo, ama la libertad, la paz y la verdad, cosas complejas; aparentemente, aunque no imposibles de conquistar en este mundo en que habitamos.


El momento actual es de distensión y de zanjar diferencias. A través de los últimos cincuenta años, no pocos cubanos han experimentado la frustración y han visto diluirse los sueños que alimentaran por un mañana mejor.


La vida de un ser humano no puede resumirse en ‘estudiar y tener asistencia médica’, no es por puro placer que no pocos cubanos han optado por emigrar; muchos a riesgo de sus propias vidas y la de sus familiares, para lograr vencer ese sentimiento, no absoluto pero si presente en muchos, de haber venido a este mundo para vivir en un país virtual, mientras otros, por pensar con cabeza propia, pero de manera diferente al discurso oficial, son encarcelados injustamente, como los Setenta y Cinco Prisioneros de Conciencia de la Primavera Negra del año 2003.


Hombres enfermos con serios problemas de salud, varios se hallan en la tercera edad o están al arribar a ella, los que a pesar de estar alejados de sus seres queridos mantienen una conducta ejemplar e intachable a pesar de que muchos de ellos y según establecen las leyes del país, ya deberían estar en libertad, junto a los suyos, en el hogar del que jamás debieron ser sacados.


Somos y seremos optimistas y de mente positiva, pero el momento es de reconciliación, no de consignas chauvinistas y retórica engañosa. En eso hemos perdido cincuenta años, los cubanos de hoy, las nuevas generaciones, creerán que el futuro les pertenece si se saben dueños de su presente.


Para ello no hay que esperar que nadie nos diga lo que debemos hacer, solo tener la oportunidad de ser para hacer, para tener, para decidir y para sentirse y formar parte de un proyecto común de nación, donde prevalezca la máxima del más universal de todos los cubanos, nuestro José Martí: “Con Todos y para el bien de Todos”.


Los prisioneros de conciencia en Cuba son parte invariable de este legado martiano, sin atrincheramientos ni intransigencias ideológicas de derecha o de izquierda, que para nada conducen al bienestar de la nación.


Es importantísimo que los “Cambios estructurales y de conceptos” anunciados por el gobierno cubano no signifique destruir o eliminar todo lo que no opine o piense igual a él; como siempre ha ocurrido y cuyo ejemplo mayor son los Setenta y Cinco Prisioneros de Conciencia de la Primavera Negra del 2003, sino que sirva para unir criterios y opiniones para trabajar en la edificación de una nación prospera y rica espiritual y materialmente.


Este progreso se nos viene anunciando hace décadas, pero hasta el presente que recorremos, siempre se ha quedado a medio camino la voluntad activa y consiente para lograrlo, eso es si en algún momento se ha llegado a dar el primer paso.


Somos cubanos todos, y confiamos en la buena intención de las partes competentes, sin distinciones, para que se cree el clima propicio para todos, tanto gobernantes como gobernados y ante la urgencia; entiéndase que no es precipitación, del momento histórico que vivimos para alcanzar el futuro que necesita nuestro país.


¿No ha llegado el momento de examinar el compromiso adquirido; ya que Cuba es signataria, con los nobles principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos?


Sin lugar a dudas, el Estado es la institución que mejor puede proteger los derechos de los ciudadanos. Más la brecha entre la palabra y la acción es vasta. Convirtamos en realidad la visión de los países que han ratificado todos los artículos de la Declaración antes mencionada, dándole la libertad a los Setenta y Cinco Prisioneros de Conciencia cubanos, antes que el fracaso continuado termine en constituirse en alevoso bumerang constituyendo una vergüenza para todos, los hacedores y los que han hecho mucho sin posibilidad de evitarlo.


Démonos las manos y seamos uno para todo, no es posible vivir con rencor en el corazón.


15 de octubre de 2009

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