domingo, 8 de noviembre de 2009

Carta al Papa con ruegos impida abandono y masacre en Cuba

de Jaime Leygonier Fernández


1 de noviembre del 2009



Papa Benedicto XVI


Padre Santo:


En angustia me dirijo a S.S. para rogarle por Nuestro Señor Jesucristo la bendición para los cubanos y para sus sacerdotes, tan oprimidos y confundidos unos y otros.


E igualmente rogarle disponga que nuestros sacerdotes, que proclaman que “la Iglesia no está para hacer política sino para predicar el Evangelio”, “la Iglesia es voz de los que no tienen voz” y se contradicen con silencios, declaraciones confusas –y hasta adulatorias al Gobierno– y omisión de deberes cívicos respecto a nuestros sufrimientos, cumplan sus deberes de ciudadanos y pastores empeñándose en imitar como varones viriles y justos al Buen Pastor que pone su vida por las ovejas


–mientras “el pastor mercenario huye”– guardándose de colaboracionismo con la dictadura por aparente miedo a la represión, defensa de intereses de su grupo ajenos a los del pueblo y de concordar con la política de defensores extranjeros de la tiranía en Cuba, protagonizada por el actual Gobierno español.


Así mismo le ruego aconseje paternalmente al católico Miguel Ángel Moratinos en quien muchos vemos a un enemigo de la libertad de nuestra patria por su empeño en sostener a la tiranía. Tiranía tan abortista por maltusianismo que provocó ya un peligrosísimo desnivel de edades por el exterminio de más de 3 millones de vidas tan sólo por legrados hasta principios de los años 90.


Y que el católico, Miguel Ángel Moratinos defiende con campañas en que asegura falsamente que la camarilla cubana tiene intenciones de cambio y reforma y disminuye la violación de los derechos humanos. - Ignoramos porqué intereses obra este canciller español, pero no queremos ver a nuestra Iglesia compartirlos ni parecer aliada de esa política.


Le ruego Padre Santo –como rogaron otros– se dirija a las autoridades cubanas en petición de libertad para los presos de conciencia y políticos. Y para que el tratamiento a los reclusos sea el acordado en pactos de la ONU en lugar de la tortura sistemática imperante en las prisiones cubanas donde, según cálculos, padece el 1-1.5% de la población nacional: hacinados, enfermándose por ser las condiciones incompatibles con la salud física y mental, los tuberculosos juntos con los enfermos de SIDA y alto índice de suicidios. Para defenderse de las violaciones a sus derechos y dignidad muchos no encuentran otro camino que huelgas de hambre en que el Gobierno se muestra inconmovible aunque pierdan la salud al borde de la muerte, como ocurrió entre muchos casos con el reciente del médico disidente Darsi Ferrer, preso sin juicio que lo reclamó dañándose con 18 días de huelga.


Muchos están presos por "delitos" que no lo son en el resto del mundo civilizado, como disentir políticamente, sacrificar una vaca de su propiedad o comerciar, o robaron por serles imposible vivir del salario.


Creo que es el momento de que S.S. nos alcance del Gobierno de Cuba que no prohíba más a la Iglesia el que los presos reciban los auxilios de la Religión, particularmente los moribundos y condenados a muerte a los que desde 1960-61, con abolición de la tradición, no les consienten un sacerdote que les dispense los últimos sacramentos: Y es éste uno de los males sobre los que la Iglesia guarda silencio.


No trazo un cuadro, boceto apenas pequeñas muestras del mal que reina en Cuba incompatible con que nuestros obispos declaren como lo han hechos sobre “las buenas relaciones entre la Iglesia y el Estado” –lo que no puede significar sino malas relaciones con el pueblo del que el Estado abusa– y llame a nacionales y a extranjeros a "la conservación del orden" porque en tiranía no existe tal orden sino opresión.


Le ruego, siempre por Cristo, que rompa uno de los silencios más graves de la Iglesia y la diplomacia internacional apelando al Gobierno de Cuba para que deje sin vigor la orden existente desde sus primeros años de que en caso de disturbios o muerte de Fidel Castro ocurra una redada de desafectos y autoridades religiosas. Orden que ejecutó ya el Gobierno en 1961 cuando el desembarco en Bahía de Cochinos, 1962 cuando la Crisis de los Cohetes o de Octubre y en 1994 cuando el motín conocido como "el maleconazo".


Esta orden tiene un inciso que en caso de mayor peligro para el Poder dispone la masacre de los arrestados, tan cierto que es público que para cumplirla los bloques de la prisión de Isla de Pinos permanecieron minados con dinamita durante periodos de los años 60 para poder volarlos sin dilación con sus más de 3000 presos encerrados. Hace aproximadamente un año el general Raúl Castro expreso en televisión en medio de delirante aplauso de su camarilla que su gobierno no haría cambio y amenazó con que si ocurría los opositores “no lo van a ver”.


Esta orden es tanto más amenazadora cuanto que la camarilla de poder esconde al anciano ex-dictador y su estado de salud, y sus ancianos herederos demostraron en poco tiempo no tener nada que hacer ni que decir en la grave crisis de Cuba, salvo aferrarse tozudamente al poder y acumular explosivos bajo sus pies con medidas que incrementan el descontento.


Y el temor a la masacre tras la redada puede inducirnos a los opositores a pesar de nuestra vocación pacífica a ejercer el derecho de legítima defensa en caso de los ilegales allanamientos domiciliarios y detenciones que la policía política ejecuta habitualmente.


Perdone mi atrevimiento de escribirle y hacer públicos estos ruegos sobre cosas que atañen al prestigio de mi Iglesia y a la salvación de mi patria, algo me disculpa que otras cartas y ruegos a mis sacerdotes, a mi arzobispo Ortega y una al Nuncio Apostólico no recibieron respuesta y que es razonable mi temor de que estos males no hayan sido informados debidamente a Su Santidad.


Padre Santo, que la Iglesia no abandone a Cuba.


Jaime Leygonier Fernández (Feligrés de la Parroquia Habanera del Buen Pastor de Jesús del Monte)

P.S. Un ruego personal que no mezclo a la carta sobre asuntos públicos y que parecería vano alarde publicarlo antes de ocurrir. De mi depende mi padre anciano que moriría en pocos días en caso de mi prisión; por ello he resuelto hacerme matar en defensa de mi hogar si lo allanan y si no lo consigo hacer en prisión una verdadera huelga de hambre y de sed, privándome de alimento y agua para morir o ser restituido a mi hogar en un plazo de seis día. Me aterra que peque como suicida, pero no lo veo más suicida que el soldado o bombero que se lanza a una muerte segura por salvar vidas. Pese a la probada intolerancia del Gobierno hacia los que protestan así, no veo otra salida. Tal vez mi país y mi Iglesia se beneficien de ese acto. Si ocurre exijo al Gobierno y pido a mi Iglesia un sacerdote conocido por mí junto a mi lecho –conocido para que no me planten un policía disfrazado– y pese a las circunstancias de esa posible muerte, le ruego Santo Padre, su absolución. En Cuba, Padre Santo ocurre un suicidio más triste, el del prestigio de los sacerdotes y obispos de mi Iglesia que tanto tiene que amar Su Santidad.

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