martes, 13 de octubre de 2009

Víctimas de la Ignominia, Cautivos de la Soberbia

por Froilán Rodríguez Sánchez

Coordinador con Cuba del CDHD Brigada 2506 y Delegado de la CAPPF (Miami)


6 de Octubre del 2009


Froilán Rodríguez Sánchez

Nacer en Cuba hoy, es nacer en cautiverio. En realidad no se nace, es ser abortado a término. Es simplemente llegar, en un momento inadecuado, y a un sitio equivocado.


Para quienes desconocen la naturaleza de “aquel” sistema, resulta incompresible nuestra problemática.


Es simple de explicar, pero más importante aún, dada la epidemia de izquierda-gripal que pretende apoderarse del Continente Americano. El proceso se inicia con la “llegada”, los padres, en su mayoría, hacen dejación de su responsabilidad social y afectiva del hijo, cediendo al Estado su paternidad y convirtiéndose en gendarmes ideológicos de la formación integral de sus custodiados. Los hijos, tus hijos, nunca lo serán, excepto cuando decidan desobedecer al “padre” supremo, El Estado. Encarnado en trasnochado Presidente de los Consejos de Ministros, del Consejo de Estado, Comandante en Jefe y un millón de barrabasadas jerárquicas mas.


Si le desobedecen a ese “ser” superior, entonces si eres el padre, y lo serás únicamente para que respondas por la desobediencia de tu hijo. Única circunstancia en que te reconocen tu roll, ¡para aplastarte! Si tu hijo está en desacuerdo con ese desastre de modelo, si protesta, o simplemente se aparta, entonces el peso de la Ley caerá con todo rigor, sobre ti, por tu incapacidad de hacerle comprender, oportunamente, que debía callar y obedecer lealmente, ante la experiencia más atroz e inhumana vivible. Por supuesto, sobre tu hijo, quien se convertiría en el “modelo” fracasado, caerá también, de modo ejemplarizante, ese despiadado “poder”. Los padres en circunstancias así, solo servirán para concebir primero, y custodiar después, al “Hombre Nuevo.”


Comencemos a razonar a partir de este punto.


Ya tenemos a una familia desposeída, unos padres sin autoridad, e hijos que serán diseñados para hacer cuanta indigna tarea se le asigne. Las dictaduras Legislan todo lo que existe, y lo asumen como resultado de su “existir”. Así deciden en quien debes creer, cuando dormirás, que comerás, como vestirás, y hasta cuando morirás. Ellos son los dueños absolutos de todo, sin consultar con alguien deciden la natalidad, la mortalidad, quien entra o sale del país, de una provincia o región, quien se queda, y quien se va, cuando abrirá o cerrara una iglesia, la temática del sermón, quienes la visitaran y hasta las ostias que mensualmente se repartirán.


Bien de simple hacen funcionar las cosas, ostentan el poder, y sin dudar, lo ejecutan. El individuo, únicamente instrumento será, para “servir”, obedecer, someter. Estamos en presencia de una sociedad militarizada, donde el vecino te vigila para que no robes, pero si le das la espalda, será él quien te robara. La única fuente de empleo que existe es estatal. El Estado, representado por sus tecnócratas militantes, son quienes aprueban el tipo de labor que realiza cada ciudadano, les pagan a obreros, técnicos y administrativos, en una moneda que solo sirve, únicamente servirá, para comprar otra, con la que podrás adquirir los artículos de primera necesidad. Ahora bien, en la “bolsa” de empleos, hay posiciones de todos tipos, las que son concedidas a quienes más obediencia muestre.


Son plazas en las que se pagan míseros salarios, pero que, dada la escases reinante, resultan más o menos codiciadas, en correspondencia a las posibilidades que de saqueo provean.


Así tenemos que un Ingeniero, prefiera ser taxista. Un Neuro-Cirujano, sueñe ser botones, o una maestra, prostituirse.


En todos los centros laborales existe una estructura administrativa, un sector sindical y un comisariado político, responsabilizados de producir más, únicamente mas, con menos, ¡cada vez menos, o nada!


Estos también serán los “encargados” de vigilar al obrero para que no robe, y poder robar “ellos” más. Quienes a su vez, estarán vigilados por un jefe, al que también vigila otro jefe, y otro, y otro, y otro más, al que alguien vigilara también, para, finalmente, obtener mejor partido en esta cadena de ejecutivos de la deshonestidad. Otro tanto ocurre con las fuerzas represivas, las que por su parte, se empeñan al máximo, en cumplimentar los “sagrados deberes” de someter primero, y robar después.


Ahora bien, este desastre no es una consecuencia de ese sistema, no, es la esencia misma del sistema.


Tal comportamiento ha sido minuciosamente concebido. Con él, en primer orden obtienen, el empobrecimiento vertiginoso de la nación, y en consecuencia, la total dependencia del pueblo hacia “Papa Estado”, única titular de la riqueza colectivizada, si es que alguna riqueza dejan para los desposeídos.


En segundo orden tenemos, que cada quien demostrara, con entrega creciente y lealtad sumisa, su “incondicionalidad” hacia el castigador, único modo de “conseguir” robar, perdón, quise decir trabajar.


Y luego, en tercer lugar, tomando en consideración lo que a inicios de este comentario sito, TODO está legislado. He aquí, que promoviendo estos comportamientos deshonestos, consiguen acumular, en contra de quien sea, más o menos adeptos, las pruebas necesarias para, oportunamente, aplastar cualquier manifestación contraria, o que se aparte, simplemente, del desastre Institucionalizado.


El paisaje es dantesco, pero real. El oportunismo se enseñorea, la devastación se establece. Ante tal desolación, sumémosle, además, la imposibilidad de escapar. Finalmente, salir de aquello es tan epopeyico como increíble. Como de esperar es, solo quien decidan ellos, como decidan y cuando lo decidan, conseguirá hacerlo. Mientras se está “dentro”, se hará su voluntad, así lo asumen, y así pretender hacer cumplir, pobre infeliz quien se atreva a disentir. Guardar distancia de la perversión, heroico resulta. Denunciarla, demencial.


¡Mucho se ha sufrido, dolor de ello sobra! Hoy quiero ocuparme, quiero ya para terminar, mencionar dos casos, de los que tuvieron que padecer todo lo descrito aquí, de los que se negaron a aplaudir mientras les pateaban, y optaron por gritar, aun cuando les patearían mas. Miguel Valdez Tamayo, (Miguelito), y Sergio P. Martínez Carrazana (Sergito). Ambos rompieron con la mentira, difundieron su querella, la de todos los suyos. Vaya si se habrán atrevido. ¡Miguelito! Casi dos décadas de condena le costó su irreverencia.


La presión Internacional, y su quebrantada salud, obligo a sus verdugos ex-carcelarlo. La Comunidad Europea y los Estados Unidos de América le concedieron refugio humanitario y político, demasiado odio acumulan los déspotas para conceder la libertad, le apagaron la vida, mas no su legado. Junto a nosotros siempre estará. Sergito es hoy quien peligra, le confinan, igualmente, al secuestro.


Lleva en su residencia de la Habana, cerca de tres semanas de ayuno total. Prefiere morir que esperar generosidad, escogió el camino de los que no espera para hacer que las cosas cambien, el quiere hacer que las cosas cambien.


Mi repulsa hoy, se une a la de otros ayer, y se apega a la de quien sabe, mañana. No perdamos a otro más de los nuestros, de los mejores de los nuestros. Hagamos circular nuestro reclamo, exijamos nuestros derechos ante el mundo, denunciemos la barbarie. Impidamos que el desastre se pandemize, hoy es Cuba, hoy es otro de sus hijos, mañana, bueno, ¡de nosotros dependerá quien mañana!


Evitemos que la ignominia se perpetué, pongamos de rodilla al soberbio.


“Para que triunfe el mal, solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada” – Martin Luther King

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