lunes, 28 de septiembre de 2009

La vida no vale nada

por Guillermo Fariñas

Periodista independiente

Primavera Digital


17 de septiembre del 2009


Guillermo Fariñas

La Chirusa, Villa Clara. La dolorosa muerte volvió a recorrer las calles de Santa Clara. El joven de solo 21 años Alian Fiallo Valero resultó ultimado en horas de la madrugada del pasado día 14 de septiembre.


Tras salir del muy de moda “Cari-Show”, se sentó en horas de la madrugada con unos amigos a merendar algo en la cafetería “El Rápido”, localizada en la calle Lorda. Un piropo a una chica bonita y estilizada desató una pelea con el novio de la piropeada. De pronto, la violencia se adueñó de aquel lugar para la distracción y el disfrute. En un instante, dentro de la riña tumultuaria, alguien (todavía indeterminado) clavó un punzón en el lado izquierdo de su espalda. La herida le atravesó el lóbulo pulmonar y le interesó el corazón.


Fue otro episodio en la vorágine de crueldad e irracionalidad entre cubanos jóvenes.


Alian falleció en el siempre frío Cuerpo de Guardia del Hospital Universitario Provincial “Arnaldo Milián Castro”. Precisamente allí y no en otro sitio se desató la tragedia que aterroriza a la ciudad de Marta Abreu.


Una alarma colectiva se encendió en los habitantes de esta localidad, en cuanto a la magnitud de la espiral de violencia que siente la ciudadanía indefensa ante sus conciudadanos violentos. Todos tomaron nota que en esta ciudad han fallecido violentamente 14 sujetos, todos menores de 30 años, solo entre los meses de julio, agosto y lo que va de septiembre de este 2009. Dicen los ancianos que hacía buen rato que no se palpaba un verano tan caliente y agresivo como este.


Si se habla de paradojas, una es sumamente dolorosa para dos de las familias involucradas en estos tristes hechos. Ambas fueron vecinas en un edificio del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), ubicado en el reparto “José Martí”, en el oeste de Santa Clara.


Los padres respectivos de ambos núcleos familiares fueron compañeros de armas entre los años 1975 al 1977 en la República Popular de Angola, y se sintieron estimulados cuando al regresar de la guerra, les asignaron un hogar independiente, algo cuya consecución es una pesadilla para la inmensa mayoría de los cubanos.


El progenitor del hoy occiso Fiallo Valero, era el primer teniente de la Contra Inteligencia Militar (CIM) Adrián Fiallo y recibió un modesto apartamento en aquella barriada. Este después de 1990, a raíz de la Causa Número 2, pasó a la Dirección General de Contra Inteligencia (DGCI) del Ministerio del Interior.


Al también primer teniente Miguel Barrios le dieron una vivienda puerta con puerta con la familia Fiallo. El ahora teniente coronel (retirado) es el padre de la “barbie” santaclareña que resultó el detonante de la pelea. A pesar de ser un probado fidelista, ahora su única hija está involucrada en un homicidio.


Tanto el desaparecido vástago de Fiallo como la niña de Barrios jugaron cuando infantes en las escaleras de una edificación de esta ciudad. La vida y Dios los separó, aunque los padres y madres continuaron sus respectivas amistades. Ellos dejaron de convivir juntos, pero continuaron al lado del Comandante en Jefe.


Adrián Fiallo dirige la Sección de Explosivos de la Unidad Antiterrorista de la Seguridad del Estado en Villa Clara, por ello ostenta la graduación militar de teniente coronel. Mientras, Miguel Barrios llegó a jefe del Comité Militar de Camajuaní y ahora es directivo de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.


Tanto Miguel como Adrián en el ejercicio de sus respectivas responsabilidades político-sociales en el seno de la convulsa sociedad cubana de hoy, olvidan que la juventud se comporta con tamaña agresividad por el nivel de frustración existente. La falta total de esperanzas genera estos actos crueles y violentos.


Como padre, Miguel Barrio lloró por su delgada hija y compartió el dolor por un vástago de su amigo Adrián Fiallo. Miguel no tuvo valor ir a darle el pésame a su camarada de tantas y tantas batallas Adrián Fiallo. Confesó a sus amigos del barrio “La Chirusa”: ¿Qué le voy a decir… que la vida no vale nada?

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