domingo, 20 de septiembre de 2009

Juanes: la paz entre Cuba y EUA

por Jorge Hernández Fonseca


20 de Agosto de 2009


Jorge Hernández Fonseca

Se enciende la polémica por la visita de Juanes a la isla, para ofrecer en la Plaza de la Revolución cubana un denominado “Concierto por la Paz”. Tomando como base que ya hay un buen volumen de argumentos –en pro y en contra– de la decisión de Juanes de ir a cantar en la Cuba de Castro, quiero analizar un aspecto diferente del tema, que de ninguna manera puede obviarse en este caso: las razones argumentadas por Juanes para ofrecer este concierto en la Plaza de la Revolución de la Habana, “la paz”.


El evento será un concierto que Juanes ofrecerá en Cuba, para el cual fue primero a pedir permiso al Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, que le dio su aprobación. Esto significa que, si bien dentro de la isla hace mucho tiempo reina una paz impuesta por la dictadura (la ‘paz de los sepulcros’ de los caídos y fusilados en la lucha de los cubanos demócratas contra la tiranía comunista que oprime la isla hace 50 años) la verdad es que todavía no existe paz entre Cuba y Estados Unidos. Podemos deducir entonces –por el permiso que Hilary Clinton dio personalmente a Juanes– y por que el concierto es declaradamente “por la paz”, que estamos ante un evento internacional para promover la paz entre la dictadura cubana y el gobierno de los Estados Unidos. Siendo así, hay algún sentido para semejante concierto, acercando posiciones entre dos países en disputa hace muchos años.


Sin embargo, hay algo políticamente equivocado en el procedimiento de Juanes en el trato de Cuba y de los cubanos. El problema real del pueblo cubano es muy diferente al problema que existe entre Cuba y los Estados Unidos. Para ir a Cuba a hacer un concierto, es una verdadera vergüenza para los cubanos libres que Juanes le pida permiso a la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, que desde hace más de 50 años no decide rigurosamente nada dentro de la isla. Juanes cree haber cumplido con las “formalidades”, ignorando olímpicamente a los opositores de dentro y fuera de la isla, para los cuales el permiso de Hilary Clinton significa muy poco, en la compleja lucha por la libertad a que tiene derecho el pueblo de Cuba, y por la cual pelean por todos los medios posibles desde que percibieron el engaño comunista de Fidel Castro.


Esta visión equivocada (de que son los Estados Unidos los que dirigen la oposición política cubana) ha sido promovida por la dictadura de los hermanos Castro, que ha “vendido” el problema cubano como siendo un “diferendo entre Cuba y Estados Unidos”. Debe quedar claro para Juanes –y para todos sus amigos que acepten ir a cantar a la isla– que el principal diferendo cubano es un problema entre el pueblo de Cuba, oprimido por una dictadura, y los jerarcas dictatoriales, situación que los cubanos no podemos ni debemos tolerar y que no tiene otra opción de salida que el levantamiento del estado de opresión que sufre el pueblo de la isla, con relación a lo cual no puede haber paz, sin previamente haber libertad.


Este concierto “por la paz”, como muchas otras acciones asociadas al “problema cubano”, ha dividido, tanto a los opositores del exilio como a los de la isla. Con independencia de la posición individual adoptada respecto al concierto de Juanes, hay factores que los opositores de ninguna manera debemos obviar y que en este concierto pudieran quedan solapados para beneficio de la dictadura, aspectos que deben ser diáfanamente abordados, a saber:


Primero: El problema cubano no es el problema entre la dictadura cubana y los Estados Unidos. El problema cubano es la lucha del pueblo esclavo de Cuba contra sus opresores; En Cuba sólo habrá paz genuina cuando no haya más dictadura.


Segundo: Si el concierto de Juanes es por la paz entre Cuba y Estados Unidos –como todo parece indicar– debería haber sido programado en la frontera entre ambos países (Guantánamo por ejemplo) a imagen de lo hecho por el propio Juanes en la frontera entre Venezuela y Colombia. Ofrecer el concierto en La Habana, o en Washington, sería claramente parcializado para uno de los dos bandos en disputa.


Tercero: Organizar un concierto en La Habana para hacer un llamado a la paz en el seno de la sociedad cubana, es como llamarlos al dócil sometimiento a los dictados de la tiranía que los oprime. Nadie dentro de la isla puede vivir en paz con la bota del opresor puesta sobre sus cabezas, por el solo hecho de pensar diferente que los comunistas en el poder. En momentos en que la dictadura redobla el sacrificio obligado de su pueblo, es muy conveniente un llamado a la paz para que no se exalten los ánimos por las vicisitudes que el régimen impone a la isla.


Cuarto: Dar un concierto en Cuba sin apelar a la paz y sin pedirle permiso a los Estados Unidos, lo han hecho en Cuba un sin número de artistas de la izquierda mundial que jamás han tenido miedo de las consecuencias de su compromiso con la dictadura cubana. Lo que no se puede en Cuba es querer recibir la aprobación de Fidel Castro para cantar dentro de su condominio privado y al mismo tiempo pedirle a la posición democrática cubana la aprobación por ese gesto argumentando –como si fuera un salvoconducto– el permiso del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Ese proceder toca la misma tecla que la dictadura pregona falsamente: el supuesto sometimiento de la oposición política cubana a los dictados de Washington, basado en la falacia de que el problema cubano es el diferendo entre Cuba y los Estados Unidos.




http://www.cubademocraciayvida.org/web/article.asp?artID=9494

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