martes, 15 de septiembre de 2009

La Tentación de creer en el infierno por Luis Aguilar León

El anuncio del nacimiento del hijo de Juanes cuyo nombre es Dante, y la muerte el mismo día (sábado 12 de septiembre) de Juan Almeida Bosque, me hizo recordar un ensayo escrito por un gran cubano que aprecie y respete profundamente, Luis Aguilar León.


En el escrito, el profesor medita sobre el infierno literato de Dante y como en nuestra psique esperanzamos que para los que devalúan la vida y atropellan a seres humanos; exista un infierno con castigos correspondiente a lo mal que han hecho durante su estancia en la tierra. Esa esperanza transcendental, que la justicia, si no realizada en la historia, será alcanzada en el descenso al mundo de Hades por los culpables del horror.


Aquí comparto el escrito para quien no han tenido el gusto de leerlo.

Carmen Ferreiro

La Tentación de creer en el infierno
por Luis Aguilar León





“Porque para el árbol hay esperanza; cortado

reverdece y echa nuevos retoños… pero el

hombre en muriendo, se acabó… una vez que

se acuesta no se levantará jamás”.

Job 14: 7-12







Pocos grupos humanos han aceptado esa terrible sentencia de

Job. En casi todos los mortales alienta una flamígera esperanza


de que la tumba no es el final de todo, que algo persiste y


sobrevive la muerte. Y que ese algo va a enfrentarse a un mundo


mejor, o peor, de acuerdo con su actuación en esta vida. “No hay


justicia”, clamaba Senancour, “si no hay premio o castigo mas allá de


la existencia”.


La idea del infierno nace, al menos parcialmente, de esa


humana sed de justicia, o de venganza. Frente a la maldad impune,

frente a individuos que han exterminado, saqueado o torturado a una

o a miles de personas inocentes, es difícil aceptar que su muerte,


aunque sea agónica y dolorosa, signifique el final de todo. Hay algo en


los humanos que se rebela contra esa evasión física y demanda


castigos infinitamente más severos. De ahí la peculiar satisfacción, y


la general acogida, que crean y encuentran los escritores religiosos que


describen los tormentos de los pecadores.


En el llamado Apocalipsis de Pedro, (no fue San Juan en


Patmos el único que escribió sobre esas visiones) uno de los más


Populares libros de la cristiandad primitiva, cuya influencia en la obra


del Dante es evidente, la descripción de las penas son gráficamente


detalladas. En el infierno, las mujeres adulteras cuelgan de sus cabellos


sobre ollas hirvientes; los adúlteros se asfixian en olas de fango; los


niños abortados lanzan rayos que queman los ojos de las madres; los


usureros ruedan sobre cilindros llenos de púas… Y cada vez que algún


condenado clama por la piedad divina, el ángel Tarturuchus (el


guardián del Tártarus) le duplica el sufrimiento. En los mosaicos del


Juicio Final, en Torcello, Italia, de la propia aureola de Jesucristo


Surgen rayos que fulminan a todos y cada uno de los condenados al


Infierno.


Tal funesta y rechazable evocación me ha estremecido más de


una vez en la vida, pero por razones que ignoro, la asocio con la


muerte pacífica de un criminal que llegó a simbolizar para mi la


injusta escapada de algunos de esos monstruos contemporáneos. A


pesar de mis grandes dudas sobre la existencia de un infierno espantoso


y eterno, y de mi convicción de que el odio es malo y envenena, a


veces me sorprendo pensando en Tarturuchus y sus castigos.


El sujeto que simboliza mi odio contra los que cometen


crímenes monstruosos, cuyo nombre ha reaparecido en libros recientes


sobre los crímenes de Stalin, se llamaba Lazar Moiseyevich Kaganovich,


fue la mano derecha, o la mano sombría, del bien sombrío Stalin,


y fue responsable de la muerte, por hambre, tortura o fusilamiento, de


mas de ocho millones de seres humanos. Así, como quien no dice


nada.


Frío, calculador, despótico, Kaganovich, quien laboro de


zapatero, se unió a los bolcheviques en 1911, combatió en el Ejército


Rojo y temprano se alineo con Stalin en su feroz lucha por el poder.


En 1925 Stalin lo nombró Primer Secretario del Partido Comunista de


Ucrania. En sólo dos años, de 1930 a 1932, aplicando brutalmente la

brutal orden de “colectivización” dictada por Stalin, (una orden que fue

debidamente aplaudida como “progresista” por muchos intelectuales


del mundo occidental) Kaganovich transformó a la fértil Ucrania en un


vasto campo de concentración donde se dejaba fallecer de hambre a


miles de familias campesinas.


En 1936-38, durante las terribles purgas de “traidores”, fue el


mejor verdugo de Stalin. En recompensa su rostro fue paseado


anualmente en los desfiles de la Plaza Roja de Moscu y ensalzado


como un bolchevique ejemplar. En 1946 ayudó a organizar la cacería


y ejecución de los guerrilleros rusos que habían luchado heroicamente


contra los invasores alemanes, pero cuyo recién adquirido gusto por la

libertad de acción los tornaba “sospechosos” al partido.


Cierto, más tarde, durante el período de desestalinización


iniciado por Khrushchev, Kaganovich fue despojado de sus funciones


y delegado a administrar una fábrica de cemento. Allí envejeció,


perdió el uso de una pierna y terminó por quedarse ciego. Pero esos


son achaques comunes a los años y no bastan para calmar la sed de


justicia, o de venganza, que toda criminal brutalidad despierta.


Kaganovich quien jamás expresó un hálito de piedad por sus víctimas,


murió en 1991, a los noventa y siete años, en su cama, olvidado pero


no arrepentido, balbuceando un perenne canto a Stalin, con un


ejemplar de “Pravda” extendido beatíficamente sobre el pecho.


Como ocurre en tantos casos parecidos, y por mucho que se


apele al perdón del cristianismo, queda flotando en el alma una


sensación de insatisfecha ira. No, no es justo que los Lazar Moisevich


Kaganovich que en este mundo existen mueran tan plácidamente. En

algún lugar debe existir un infierno.


Aguilar León, Luis. Todo tiene su tiempo: Tiempo de llorar, tiempo de reír, tiempo de soñar y tiempo de pensar. Miami: Ediciones Universal, Capitulo: Tiempo de Llorar, paginas 61-63, 1997.

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2 comentarios:

JOSÁN CABALLERO dijo...

Muy bueno este artículo de Luis Aguilar León, amiga Carmen, agradezco ese enlace que hiciste a mi blog, pues le viene de perilla, y claro que lo leeré más detenidamente y me gustaría comentarlo. Ya entraré mañana o pasado a tu blog nuevamente, y te llamaré para lo que acordamos, amiga. Muchas gracias y saludos, Josán Caballero.

Jose Luis Noda dijo...

Ese anonimato de los capitalistas soviéticos no podia guardarse indefinidamente.
Despues de la muerte de Stalin y probablemente para fijar sus posiciones en el cuadro de la nueva sociedad burguesa-capitalista que maneja el comunismo, los “socialistas” moscovitas completaron en 1954 una llamada estadistica de la situacion material de los primeros 1,670 “hombres de trabajo” de la Union Soviética.
Como es natural. Esa “estadistica” no ha sido publicada; pero se ha conocido por la indiscreción de algunos miembros del partido y ha provocado una violenta reacción entre los comunistas de rango inferior, cuya situación material no puede compararse con la de sus superiores en la jerarquia del partido.
¿Por que ? . La respuesta es sencilla: en la Unión Soviética, “patria del socialismo”
y de “la igualdad entre los hombres”, 730 jerarcas son multimillonarios y otros 940 son millonarios, es decir Capitalistas.
Cuando decimos 1670 individuos, se entiende que se trata de ellos y de sus familias. La cabeza de la lista de los multimillonarios soviéticos la ocupa el mariscal Budenny, cuya riqueza tiene su origen en el pillaje sistemárico cometido en Polonia cuando las tropas soviéticas por él mandadas penetraron en Galitzia y Rutenia, después de la Primera Guerra Mundial. Budenny dispone además de diversas “pequeñeces” como palacios en diversas regions de la URSS, fincas de enorme extensiones, villas a orillas del Mar Negro, terrenos de caza en Caucasia, la más importante cuadra de caballos de carrera en la Rusia del “proletariado”.
Este magnate descrito, es seguido en orden de riquezas por la familia de origen judaica de los Kaganovitch, compuesta por cuatro hermanos y por
Rosa Kaganovitch, ex-esposa de Stalin.
Estos tienen concentrados, sus capitals en las “industrias del Estado”, en las minas de carbon de la cuenca del Donetz y en la explotación de bosques de Siberia, trabajadas por esclavos en los campos de trabajo forzado.
La muy comentada “caida” de Lazar Kaganovitch, no es tal caida puesto que siendo ya un viejo de casi 70 años, Lazar Kaganovitch, como Molotov, debian ser cambiados y parece que lo fueron intencionalmente en forma espectacular, para impresionar al Mundo, dando la sensación de que las cosas “mejoraban” en la Rusia bolchevique.
De todos modos quedan los otros tres hermanos de Kaganovitch y su hijo Michael (casado con la hija de Stalin) que no han perdido sus posiciones, además de que el mismo Lazar Kaganovitch nada perdió de sus riquezas, que es lo que mas interesa, como a todo buen “mercader” haciendo honor a su origen ancestral.
Otros grandes capitalistas multimillonarios de la Unión Soviética, son los hermanos Mikoyan, tambien de origen judaico, que se hacen pasar como Armenios, uno miembro del presidium soviético y el otro constructor de aviones.
Entre la poseciones del último se encuentran un palacio a orillas del Mar Negro, una mafnifica villa en Moscú y una villa de verano en las cercanias de la capital soviética.
Siendo uno de ellos vistantes, de la naciente y nueva Republica Socialista en el Caribe, Cuba.

Nota: Quiero agregar que Luis Aguilar Leon, ha sido un eslabon del periodismo, que todavia se hecha de menos. Solo he mencionado un dato historico. Su articulo muy bueno, siempre ha sido asi.