lunes, 7 de septiembre de 2009

Denuncias y Críticas vs. Responsabilidad

por Víctor E. Sánchez, Periodista Independiente

Agencia de Prensa Libre Oriental (APLOPRESS)


2 de Septiembre del 2009


Víctor E. Sánchez


“La Revolución no se cae, porque no tiene para donde caerse” (Víctore)


Santiago de Cuba. La oposición política cubana actual, comenzó su etapa de lucha civilista, con las denuncias por violaciones a los derechos humanos. En un momento histórico coyuntural, inspirada en los acontecimientos de la Unión Soviética y el campo socialista de Europa del Este. En un país totalitario, el hecho fue todo un acontecimiento, se consideraba un avance de las nuevas fuerzas políticas y una consecuencia de un régimen en decadencias.


Este razonamiento no deja de ser lógico y justo a la vez. No pocos, nos lanzamos tras esa iniciativa. Incluso, muchos que veníamos formados en otros métodos de lucha, la lucha política tradicional. Las denuncias -como un estadio de la lucha cívica no violenta- se convirtieron en prioridad estratégica de la oposición interna al régimen cubano. Sin embargo, el régimen en su reacomodo político y económico, para escapar del colapso del socialismo, asimiló las denuncias como una tolerancia política.


La sucesión en el poder, devenida en Raúl Castro, incorporó un nuevo elemento al acontecer político cubano, la crítica. Aunque no es un fenómeno nuevo, con la venia del presidente del “Gran Total” es algo a tener en cuentas. Así comienzan algunos medios - radiales y escritos- a hacer determinadas críticas a servicios y otras irregularidades públicas. Se especula que muchos funcionarios, incluso cuadros del Partido Comunista, tenían proyectado aprovechar el marco del suspendido Congreso del Partido, para hacer fuertes críticas al gobierno.


El análisis de estos dos fenómenos políticos, nos lleva a la conclusión, que son válidos y necesarios, pero tienen un período determinado de ejecución. De lo contrario, se convierten en una práctica viciada, sin mayor repercusión, más si su principal difusión es fuera de su entorno natural, de donde cohabitan las víctimas y sus victimarios.


Si las criticas y las denuncias se juntan en un reclamo de responsabilidad y se convierten en una demanda social, serán una efectiva herramienta de lucha frente al totalitarismo. Joseph Stalin, uno de los padres del engendro totalitario, decía que el Gran Camarada nunca se equivoca, que quienes se equivocan son los cuadros intermedios. Siguiendo esta línea de pensamiento, si mediante la crítica y la denuncia podemos responsabilizar los culpables, por consiguiente lograremos descalificar el sistema y asumiremos - como oposición- la representatividad social.


La inercia, el acomodo y otros intereses derivados de la enquistada práctica de la denuncia frívola, nos pueden contaminar la esencia de los Gobiernos de Oposición, que es pasar a una etapa superior de la lucha cívica no violenta, o sea, a la ingobernabilidad democrática.


Los resultados de esta nueva iniciativa no se han hecho esperar, Juan Carlos Hernández, uno de sus promotores, nos comentaba: “la población ha comenzado a identificarse con sus nuevos representantes sociales, para canalizar sus quejas y preocupaciones. Incluso, los funcionarios del gobierno, por cuales transitan las demandas, perciben el mensaje del nacimiento de una nueva estructura de poder”. Eso es muy importante, alcanzar la capacidad de formar gobierno, es cierto que han pasado 50 años y la Revolución no se cae, porque no tiene para donde caerse.


Los Gobiernos Municipales de Oposición son el embrión de un verdadero gobierno democrático, no podemos desvirtuar su trabajo, con prácticas viciadas de etapas ya quemadas. Tenemos que formar nuestros cuadros, que alcancen un liderazgo natural y profesional, con pleno conocimiento de causa. Sabemos que la tarea es difícil, de lo contrario no sería necesaria, miles se prestarían a llevarla adelante, pero aun conociendo sus dificultades, con constancia e inteligencia, nos iremos ganando la confianza y la voluntad popular.


Lo importante en estos momentos es juntar esfuerzos, dejar la retórica y cumplir de verdad con el propósito esencial, recuperar la democracia en nuestro país. Todo lo demás puede esperar. No nos dejemos atrapar por el síndrome del “cubo de cangrejos”.

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