domingo, 20 de septiembre de 2009

Algo que Juanes (y otros) deben saber

por Miriam Celaya

Voces Cubana, Sin Evasión


27 de Agosto de 2009


Miriam Celaya

Hace poco una colega que trabaja en una emisora del extranjero, me pidió opinión acerca del anunciado y muy controvertido posible concierto del popular cantante Juanes, en La Habana. En esa ocasión le expliqué que, aunque la prensa oficial sacó una breve nota informando de ello, no se ha hecho mayor mención del asunto y tampoco se ha creado mucha expectativa entre la gente: nadie tiene la certeza de que, finalmente, se realice el concierto. Por mi parte, le expliqué a la amable colega que no me cuento entre los muchos miles de seguidores que tiene Juanes en la Isla; no porque rechace su música, sino porque –sencillamente- no la he escuchado. Debo confesar que no acostumbro a buscar “lo más pega’o” que suena aquí en la radio (no vale la pena mencionar la TV, plagada de malos clips y peores programas musicales), quizás porque en los últimos años el “reguetón”, que rechazo por completo, ha invadido las ondas de casi todo el espectro sonoro. En consecuencia, he hecho inconscientemente algo que siempre he criticado, botar el sofá: no escucho la radio ni veo programas musicales. Pero, más allá de mis preferencias o costumbres, lo cierto es que Juanes es conocido y disfrutado entre los cubanos jóvenes (y no tan jóvenes) y estoy segura de que su presentación aquí tendría una calurosa acogida de su público.


Sin embargo, Juanes ha dejado de ser un mero hecho “musical” para los cubanos –sobre todo para los del exilio– desde que decidiera efectuar un concierto en la Isla Maldita, y se le asignara para ello nada menos que la locación más simbólica de la decadente revolución cubana. Tanto y de tantos tonos y colores se ha dicho ya sobre el tema, que –aunque me incluyo entre los que aprueban su presentación en Cuba como un factor positivo que rompe el aislamiento y tiende puentes culturales entre los cubanos de este encierro y el mundo exterior– me limitaré a aclararle a Juanes ciertas peculiaridades que matizarían su concierto habanero y que, con toda seguridad, nunca ha encontrado en ninguno de los escenarios de su carrera artística. Estas peculiaridades son:


  • Los espacios más cercanos a la tribuna sobre la que actuará no estarán ocupados por sus más sinceros admiradores, sino por los contingentes de jóvenes de la Universidad de Ciencias Informáticas, los militantes comunistas de todas las facultades de estudios superiores, los estudiantes de las escuelas del Ministerio del Interior, de la Escuela Latinoamericana de Medicina, es decir, todos los comprometidos de alguna manera con este gobierno, a fin de impedir cualquier iniciativa cívica de los inconformes (“contrarrevolucionarios”, nos dicen) que –de estar suficientemente cerca- pudiera ser captada y difundida por los medios.

  • Toda la plaza estará controlada por las fuerzas represivas, no para vigilar el orden, sino para evitar manifestaciones no deseadas o consignas no autorizadas (algo tan simple como “Libertad”, por ejemplo), así como cualquier otra expresión espontánea salida de las multitudes.

  • Seguramente, aunque ya el artista ha declarado que no se trata de un acto político, verá –además del ceñudo y gigantesco rostro del Che enfrentado al monumento al Apóstol– numerosos carteles de “reafirmación revolucionaria”, con loas al comandante e imágenes alegóricas. Alguno (s) de sus invitados, previas orientaciones del mando superior, introducirán los cánticos del ritual castrocomunista o algún que otro bocadillo sensiblero (“Dedico esta canción a cinco hermanos injustamente encarcelados…”, etc). No le quepan dudas: le van a politizar el espectáculo.

En resumen, que es cierto que el arte puede ser una eficaz herramienta para la paz, para unir voluntades y sueños, para quebrar alambradas ideológicas, para acunar la esperanza. Es cierto también que los cubanos, un público extraordinariamente cálido y afectuoso, merecen un poco de esparcimiento, pero no hay que sobredimensionar el efecto de un concierto: si finalmente el 20 de septiembre se produce la presentación de Juanes en La Habana, las autoridades aprovecharán el hecho mediático para “demostrar” la adhesión de los jóvenes a la revolución; los desobedientes que se atrevan a manifestarse serán reprimidos –tal como ocurrió durante una presentación de Pablo Milanés en el protestódromo- y todo seguirá igual que antes. Habrá que ver, entonces, si Juanes tiene el suficiente aplomo y dominio del escenario como para lidiar con semejantes demonios sin contaminarse. Mis mejores deseos para Juanes, con toda sinceridad.



http://vocescubanas.com/sin_evasion/2009/08/27/algo-que-juanes-y-otros-deben-saber

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