sábado, 6 de junio de 2009

Las reglas de juego de los hermanos Castro

por Dr. Darsi Ferrer


3 de junio de 2009




Darsi Ferrer


La Habana. Los gobiernos de regímenes totalitarios se aferran al poder valiéndose del aislamiento que le imponen a sus sociedades. El esquema que utilizan es muy simple: buscan la confrontación a nivel internacional, en el caso de Cuba con los EEUU, para fabricar un enemigo externo, llevar a la sociedad al aislamiento y apelar a la justificación ante sus pueblos de la supuesta necesidad de estar unidos para defenderse de ese enemigo foráneo. El resultado siempre es el mismo; conculcan las libertades y derechos de los ciudadanos, con el argumento del sacrificio por ideales superiores, como es la defensa de la “patria”, que es igual a defender la “revolución”- el “gobierno”- el “partido comunista”, o sea, el “máximo líder”. Esto se traduce en que la élite gobernante secuestra a la población y la mantiene de rehén para satisfacer sus necesidades y ambiciones de poder.



La nación cubana, igual a las demás, está ubicada en un contexto internacional con el que interactúa. La realidad que vive el país es resultado de los acontecimientos nacionales y de las influencias del exterior. El gobierno ha logrado persistir durante medio siglo por la determinación de la casta en el poder, que impone sus designios a cuenta de los mecanismos represivos y del control absoluto que ejerce sobre la sociedad, y la ayuda que les representa la política hacia a Cuba de diversos sujetos internacionales, entre los que sobresalen por su significación la desaparecida URSS, el gobierno de EEUU, la Unión Europea y los gobiernos de América Latina.



Si los únicos actores presentes en la problemática cubana fueran la clase en el poder y el pueblo excluido, la situación podría solucionarse por el esfuerzo y la lucha solitaria de los cubanos que desean el restablecimiento de la libertad y la democracia. Esto no es así. Durante muchos años la desaparecida URSS fue la encargada de subsidiar con enormes recursos a la “revolución”. Con la caída del muro de Berlín se desató internamente una grave crisis económica que conllevó a una etapa de inestabilidad social con serias amenazas al sistema político. Luego la responsabilidad del subsidio la asumió el gobernante populista Hugo Chávez que, como tabla salvadora, es quién financia desde hace una década la continuidad del régimen castrista con sus petrodólares.



También hay que sumar el embargo americano a Cuba, que constituye la excusa perfecta que utilizan los hermanos Castro para justificar el fracaso del modelo totalitario, además de ser su principal argumento para mantener subyugada a la población de la Isla, porque ante la “amenaza del imperio” refuerzan el cuadro de miedo paranoico y el pueblo es obligado a prepararse constantemente para defender a la patria de ese poderoso “enemigo”, ello implica que el reconocimiento y la protección de las libertades y los derechos fundamentales de los ciudadanos sea secundario, y que cualquier malestar u oposición interna al régimen sea catalogada como labor de mercenarios que están a favor de la potencia extranjera que supuestamente agrede a la nación. Además, el embargo unilateral de los EEUU poco daño provoca al gobierno mientras contribuye al aislamiento de la población. Hay que tomar como ejemplo que EEUU actualmente es el principal mercado del gobierno cubano para la importación de alimentos y otros productos agropecuarios, así como un importante mercado para la importación de medicamentos, aunque es considerado el “enemigo” histórico. Además, las remesas familiares que provienen del Norte se calculan en unos mil millones de dólares anuales y constituyen el tercer renglón de entrada de divisas de la economía nacional. Se conoce que por detrás de la retórica belicista propia en las tortuosas relaciones entre Cuba y EEUU, ambos gobiernos de manera solapada e ininterrumpida han sostenido durante años conversaciones de alto nivel sobre temas militares, de narcotráfico, emigración, estabilidad regional, entre otros.



Como bloque la Unión Europea, con la excepción de unos pocos países, mantiene una política hipócrita respecto a Cuba. En sus declaraciones expresan un supuesto compromiso con la suerte del pueblo cubano mientras toman en cuenta sólo al gobierno en sus relaciones con Cuba e ignoran a la sociedad civil. Con esa actitud refuerzan la legitimación del gobierno y contribuyen en el aislamiento que este le impone a la sociedad civil. Específicamente la Unión Europea mantiene programas de cooperación y ayudas para el desarrollo con el gobierno de la Isla; estimula y fortalece los lazos económicos, la inversión de sus empresarios en Cuba; mantiene una política de acercamiento y de diálogo constructivo al más alto nivel con las autoridades de la Habana bajo los términos trazados por los hermanos Castro, o sea, las delegaciones de la Unión Europea que viajan a Cuba se entrevistan con las autoridades pero no se reúnen con representantes de la disidencia u otros actores de la sociedad civil, los ignoran por completo. Tampoco el bloque de los 27 extiende sus programas de cooperación y ayudas a los sectores de la sociedad independiente del gobierno, como sí hacen en las demás naciones subdesarrolladas.



Los gobiernos de América Latina se comportan de un modo cínico, defienden a capa y espada al gobierno cubano en la arena internacional, a nombre de una inexistente “unidad latinoamericana”, que no se trata para nada de que estén sensibilizados con el sufrimiento del pueblo, ni se relaciona esa posición con el deseo de bienestar, progreso y justicia para los cubanos, sino que es el modo que tienen de manifestar el sentimiento antiestadounidense que albergan. Esto se explica fácilmente al analizar que aunque todos los gobernantes de América Latina han unido sus voces para exigir que termine el embargo de EEUU a Cuba, y que se eliminen las medidas de presión adoptadas por los americanos contra el régimen, como su suspensión de la Organización de Estados Americanos, ninguno de esos mandatarios le ha pedido a las autoridades cubanas que respeten las libertades de los ciudadanos ni que implementen las bases democráticas que ellos garantizan a sus naciones. Tampoco los gobiernos de Latinoamérica le extienden su mano a la sociedad civil, la que mantienen completamente ignorada, y sólo sostienen relaciones de cooperación con las autoridades del régimen.



Bajo estas reglas de juego establecidas por Fidel Castro desde que tomó el poder, favorecido por la época de pleno apogeo de la guerra fría, es muy difícil para el pueblo, que subsiste en extrema miseria, aislado de las sociedades abiertas, dependiente del Estado hasta para suplir las necesidades más perentorias, por sí sólo estar en capacidad de resolver el problema nacional y forzar la apertura hacia una democracia y el restablecimiento de la libertad en el país. Todos los actores externos con influencia en el tema Cuba, aliados y adversarios del castrismo, terminaron por seguir las pautas sentadas por los hermanos Castro para la consolidación de su modelo político; coadyuvan en la estratégica ruptura de los vínculos con la sociedad cubana. Después de 50 años de posicionamiento tras el mismo esquema, las naciones involucradas en la problemática nacional podrían empezar por aplicar políticas coherentes hacia Cuba sobre la base de las realidades y dejar de reforzar la permanencia del régimen totalitario, probadamente fracasado y repudiado por la mayoría del pueblo.



Contrario a las apariencias, el principal capital de los hermanos Castro no son los millones de dólares que tienen depositados en los paraísos fiscales sino el encierro de la sociedad cubana, a la que tratan como rehén o mercancía de intercambio para sus presiones y chantajes a la comunidad internacional. Esto se ha manifestado de diversas maneras, aún se recuerda la exhortación del Sr. Fidel Castro a la dirigencia rusa, para que asestaran el primer golpe a los EEUU con los cohetes nucleares emplazados en la Isla, sin importarle para nada el peligro de exterminio al que expuso a toda la población del país; de lo que fue la principal industria, la azucarera, hace pocos años cerró más de la mitad de los ingenios dejando cientos de miles de familias desamparadas sin ni siquiera escuchar el criterio de ninguna de esas personas; tampoco se pidió la opinión de los cientos de miles de trabajadores de la marina mercante cuando el gobierno vendió toda la flota; en la actualidad es crónica la carencia de médicos y pésimas las condiciones y la falta de recursos de las instituciones sanitarias, lo que no impide que la exportación de galenos supere la cifra de 30 mil, y que se le donen a naciones de gobiernos aliados hospitales equipados con recursos y tecnología moderna. El otro Castro, actual gobernante, copia al carbón los mismos métodos estalinistas. Lejos de adoptar medidas liberalizadoras que atenúen el creciente deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos ante los efectos de la crisis mundial y de la quiebra del régimen, confirma su incapacidad al frente del gobierno con la insistencia en la militarización de todos los estratos de la sociedad, la represión de los mecanismos informales de sobrevivencia y las purgas periódicas de los cuadros políticos que no le ofrecen confianza.



La cúpula gobernante no se resigna al fracaso del modelo totalitario y refuerza su atrincheramiento en la parálisis política, y el estancamiento económico y social. En su afán de conservar el poder a toda costa empujan a la sociedad al caos, la anarquía y a un posible estallido social. La población no acepta pasiva su desfavorable situación y, aunque no llega a manifestar su malestar organizando protestas políticas, responde a una fuerte vocación pro-occidental resistiéndose mediante la insubordinación social, económica y accediendo ilegalmente a tecnologías que les tienen prohibidas. Este hecho se confirma en el alcance del mercado negro, que ha calado a todas las estructuras y niveles del Estado, y en la diseminación por todo el país de las personas que captan de manera ilegal las señales satelitales de televisiones extranjeras y los que navegan por la Internet, entre otros.



Esperar por gestos positivos del castrismo es negar su naturaleza despiadada y de total desprecio por el pueblo. No debe seguir olvidada la población y, menos, aislada en el cerco del gobierno. Es hora de que la comunidad democrática internacional identifique de una vez y tome en cuenta que el protagonista del presente y del futuro próximo en Cuba es el pueblo y no el gobierno con su desfasados y agónico modelo totalitario. Los actores externos con influencia en la vida nacional, principalmente EEUU y la Unión Europea, deben implementar políticas razonables que incorporen mecanismos de integración entre la sociedad civil cubana y el mundo libre. A su alcance está ofrecer, por ejemplo, asesoramiento profesional, promover los intercambios de estudiantes e intelectuales, los cursos de superación en sus países, otorgar planes de becas para los estudiantes de los sectores más excluidos, facilitar el acceso a tecnologías modernas, Internet, entregar donaciones de ordenadores y soportes tecnológicos, telefonía satelital, apoyo financiero para proyectos humanitarios y sociales, distribución de literatura, estimular en sus países que se practique la diplomacia ciudadana cuando viajen a la Isla, entre otras muchas formas de extenderle la mano a la sociedad civil, sin necesidad de que toda relación con Cuba quedé atrapada en el seno de las organizaciones oficialistas de propiedad del Partido Comunista.



Ya ni siquiera es suficiente el mensaje del Santo Padre, Juan Pablo II, cuando proclamó durante su visita a la Habana: “que Cuba se abra al mundo para que el mundo se abra a Cuba”. Urge que el mundo se abra a Cuba, desborde a la sociedad cubana.

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