domingo, 3 de mayo de 2009

La nación de los procesos sin fin

Testimonio de Roby González Torres

Opositor pacifico de la CAPPF


26 de Abril del 2009


Buenaventura Roberto González Velázquez, padre del autor


La Habana, Cuba. Este es uno de los miles y miles de casos que ocurren a diario en el “paraíso tropical”, casos que en su mayoría no salen a la luz, casos perdidos en el limbo del silencio forzoso, caso de un anciano de 64 años y su familia.


Buenaventura Roberto González Velázquez (mi padre), es ese anciano, que padece desde hace unos años de una enfermedad neurológica, demencia senil o algo parecido, y digo así, porque a ciencia cierta, hoy, no tengo certeza de su padecimiento.


Resumiendo, ya el año pasado estuve un semestre tratando de sacar un turno con el neurólogo, además de otras infructuosas gestiones anteriores, y puedo asegurar, que es más fácil llegar al centro de la Tierra o a la galaxia más distante.


Después de eso, y tras el avance de su depauperación, he realizado otras incontables gestiones médicas como “Geriatra”, “Trabajador Social”, etc., y siempre las respuestas son las mismas: “No contamos con tal servicio; no sé de ningún lugar a donde remitirte; la lista es larguísima; ve a ver a Fulano ó Siclano pero no digas que yo te mandé; hay escases de especialistas porque están de misión internacionalista”; etc, etc.


Entre una cosa y la otra, el tiempo pasa y pasa, en la gran “potencia médica” las personas continúan muriendo como animales, las familias sufriendo y deteriorándose física y mentalmente al no estar preparados y sentirse imposibilitados de no poder ayudar a sus seres queridos, y las respuestas a los problemas quedan flotando siempre en el aire.


Esto no es una novela de ficción, es un suceso dolorosamente real, tan real como la historia de la humanidad, y en mi opinión particular, no quisiera llegar a anciano con tales condiciones, sin la más mínima garantía a la vida, a la atención, donde después que el sistema ha exprimido el jugo de los trabajadores, desecha a los longevos como una inmundicia.


Solo le pido a Dios, que siempre tiene una misión para cada uno de nosotros aquí en la tierra, que con su poder y sabiduría, cambie esos finales tan aciagos que a los cubanos les depara. Y amparándome en la libertad de expresión, plasmado en el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, me atrevo a platear, por situaciones como esta, y otras, y otras, y otras…., que estamos inobjetablemente ante el apartheid del siglo XXI.

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