lunes, 20 de abril de 2009

La Rastra

por William D. Muir-Celorio


Eran las 11 de la mañana del sábado 22 de Abril de 1961 en la Playa de Girón al sur de Matanzas el sol brillaba, el calor azotaba. Después de tres días de tiros y dos días perdidos en la Ciénaga de Zapata, era fácil olvidar que hacía cinco días no habíamos tomado agua ni comido. De algún modo no habíamos liberados a nuestra patria del comunismo, los anti-Cristo había ganado y los americanos nos había embarcado.


Osmany Cienfuegos y su camarilla estaban sentados, preguntado los nombres, insultando a los que reconocían y montándonos en “La Rastra”. Casi no cabíamos, pasábamos de cien, pegados los unos a los otros, nadie se podía sentar y de pronto cerraron las puertas.


Pasaron los primeros minutos y no veíamos ni nuestras propias manos, el oxigeno se acabo también, me recordaba de mis ataques de asma unos años atrás. La bulla no nos dejaba comunicar, alguien empezó a zafar un pedazo de madera, pero necesita partirlo, quizás entraría aire cuando se partiera. Hacía falta que algunos se quitaran, otros que empujaran, al fin se logro, pero no entraba el aire.


Después de una, dos, tres horas no sabíamos dónde estábamos, cuanto más faltaba, se morían los más débiles, los heridos. El pánico, la desesperación aumentaba, de pronto un plan, de algún modo, por arriba de la bulla, se pudo coordinar y empezamos todos a la vez a empujar primero un lado, después el otro. Si volcamos “La Rastra” aunque algunos mueran, al menos pelearemos. De pronto paran, se hace silencio, miramos hacia la puerta, tenemos que estar listos para lanzarnos sobre ellos si van a disparar. Se oyen unos tiros de ametralladora, pero la puerta no se abre y empieza a moverse “La Rastra”.


Un grupo de cuatro, nos turnamos con la hebilla del cinturón, tratando de abrir un hoyito en la pared de metal, algo de aire entra después de horas y nos turnamos para respirar un ratito cada uno. Nos dicen de alguien muy débil y le damos prioridad, hasta que se recupera un poco. Pero poco a poco todos nos estamos debilitados.


De pronto para “La Rastra” y se abre la puerta, es de noche. De algún modo tratamos de salir, el piso tiene tres pulgadas de sudor, evaporación, orine. Tropiezo con alguien en el piso que no se levanta, esta frío, está muerto.


Después de 9 horas, nueve hermanos están en el piso de “La Rastra” asesinados por asfixia, lo dieron todo por su patria y los que sobrevivimos los recordamos por su sacrifico y recordamos al asesino, que se le advirtió en Girón que “personas morirían si se cerraban la puerta” y dijo “bueno, así nos ahorramos las balas”.


Nuestros Mártires:





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